Blogs de Antonio Boix

Mis blogs son Altamira (Historia del Arte, Cine, Televisión, Fotografía y Cómic), Heródoto (Ciencias Sociales y Pensamiento) y Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura Contemporáneos).

miércoles, 30 de abril de 2014

CS 1 UD 19. La fragmentación del mundo antiguo.

CS 1 UD 19. LA FRAGMENTACIÓN DEL MUNDO ANTIGUO.
Las primeras invasiones bárbaras.
Las migraciones del siglo V y la disgregación del Imperio de Occidente.
Los reinos germánicos.
La nueva sociedad medieval.
El reino merovingio.
El Imperio carolingio.
La Hispania visigoda.
El Imperio Bizantino (476 a 1453).
El Irán sasánida.
La Iglesia.
La cultura.
UN RESUM EN CATALÀ.
Els vandals a les Balears.

Els bizantins a les Balears.

Las primeras invasiones bárbaras.
El mundo germano anterior a las grandes invasiones tiene su origen en la actual Alemania y Escandinavia. 
Mientras la civilización se consolidaba en el Mediterráneo, en otras partes de Europa hubo grandes cambios. Las culturas de las edades del Bronce y del Hierro de las regiones exteriores consistían principalmente en comunidades pastoriles y agrícolas, mucho menos estables que los asentamientos grecorromanos. Las emigraciones de áreas más pobres a zonas más ricas fueron continuas, y el movimiento de un pueblo o tribu desplazaba a su vez a otros pueblos y a menudo provocaba reacciones en cadena.
Los primeros en comenzar dichos movimientos durante los siglos finales de la era precristiana y principios de la era cristiana fueron las tribus germánicas. Estas tribus habían ocupado partes de Escandinavia meridional y Alemania septentrional a finales de la Edad del Bronce. Durante la Edad del Hierro, desde finales del I milenio aCcomenzaron a emigrar al sur, quizás a causa de un empeoramiento del clima, y pugnaron contra los celtas, hasta alcanzar el Rin y el Danubio, y en ocasiones atacaron la Galia e Italia, aunque fueron rechazados por los romanos otras vez al norte de la doble frontera fluvial. Especial virulencia fue el ataque en el siglo II aC de dos tribus germánicas, los cimbrios y los teutones, alcanzaron la zona que hoy día es Provenza, pero fueron rechazadas y exterminadas finalmente por los romanos.
Los suevos tuvieron más éxito y ocuparon parte de la Alemania actual. Las tribus celtas de esa región fueron empujadas hacia el oeste para ser conquistadas muchos años más tarde por los romanos bajo mando de Julio César. La expansión romana hacia los territorios germánicos fue interrumpida en el año 9 dC, cuando los rebeldes germanos dirigidos por Arminio (Hermann) aplastaron a tres legiones romanas en el bosque de Teoburgo. Como consecuencia, Roma estableció una zona de contención al este del Rin y al norte del Danubio.
Aproximadamente en el año 150 dC, las migraciones y posteriores dislocaciones de pueblos se intensificaron de nuevo y amenazaron las fronteras imperiales. El emperador Marco Aurelio luchó con éxito contra los marcomanos y los cuados, al igual que contra un pueblo no germano, los yacigos; un ejemplo de las características de este periodo es que Marco Aurelio pasó gran parte de su reinado luchando con las tribus invasoras. A comienzos del siglo III dC, los alamanes habían penetrado al norte de la frontera romana, y al este los godos comenzaron su infiltración en la península de los Balcanes. Tras una primera derrota ante las tropas imperiales, los godos se convirtieron en mercenarios de Roma.
 Los germanos se dividieron durante la mayor parte de su historia en dos sectores territoriales: el occidental entre los ríos Rin y Elba, y el oriental más allá del Elba y del Oder. Otra división es la lingüística, lo que ha dado origen a varios de los idiomas modernos, como el alemán, holandés, inglés, danés o sueco entre otros. Los germanos orientales fueron los principales protagonistas de las “migraciones del siglo III” que precipitaron la crisis del Imperio tardorromano.
Eran un pueblo rural, que vivía en pequeños poblados donde vivían de una agricultura sedentaria, con uso del arado de ruedas, más la explotación del ganado y del bosque, y algo de comercio y artesanía, sobre todo de armas de hierro.
Tenían una organización social simple, con una familia amplia, tribu y pueblo. La soberanía popular residía en la asamblea de guerreros. Las clientelas militares se basaban en la fidelidad personal al jefe. La realeza podía ser militar y dinástica (descendiente de un linaje de origen divino). Sus creencias religiosas estaban ligadas a la naturaleza.
El contacto con Roma llevó a una progresiva germanización del ejército romano, mientras que en los límites fronterizos muchos colonos germanos ocuparon las tierras.
Durante la segunda mitad del siglo III, los grupos germánicos (incluidos los francos), penetraron en el Imperio. Se hicieron grandes esfuerzos para fortalecer las defensas interiores. Bajo el emperador Aureliano se construyó una muralla alrededor de la misma Roma, Dacia fue abandonada, 
Roma sólo pudo capear la crisis del siglo III gracias a la reestructuración del Imperio por parte de Diocleciano, realizada en principio para enfrentarse a las tribus germanas con más eficiencia. A mediados del siglo IV la situación parecía estar bajo control, pero un nuevo pueblo, los hunos, invadió Europa desde Asia central y causó una nueva serie de reacciones en cadena.

Las migraciones del siglo V y la disgregación del Imperio de Occidente.
Los principales pueblos germanos justo antes de las invasiones del siglo V eran: francos, sajones, frisones, anglos, jutos, alamanes, suevos, vándalos, turingios, burgundios, marcomanos, cuados, lombardos, visigodos, ostrogodos, alanos...
Hacia el final del siglo IV los pueblos germanos del norte y el este del Imperio romano habían comenzado un movimiento hacia el oeste y el sur. Eran pueblos agrícolas y pastoriles y, como todos los pueblos pastores con un alto grado de nomadismo, tenían una larga historia de migraciones.
Para afrontar la emigración germánica, Roma, con serios problemas económicos, siguió una política de adaptación pragmática. El Imperio, cuya extensión era excesiva, se podía permitir perder territorio, que se cedía inmediatamente a los germanos; pero los emperadores decidieron defender puntos estratégicos vitales, como los puertos mediterráneos, de los que dependía Europa meridional para conseguir el imprescindible trigo norteafricano. A mediados del siglo V, sin embargo, los grupos germánicos tenían el control político del Imperio de Occidente.
Los visigodos se introdujeron en el Imperio a raíz de que en el siglo IV los violentos hunos invadieron las llanuras de la actual Ucrania desde las estepas de Asia Central y expulsaron a los ostrogodos, alanos y visigodos. Estos últimos a su vez penetraron en el Imperio romano a través del Danubio y después de una sucesión de guerras (derrotaron a los romanos en Adrianópolis en el año 378) y pactos, y tras convertirse a la secta arriana del cristianismo, se establecieron en los Balcanes hasta que, tras la muerte del general romano Estilicón, marcharon sobre Roma, que el rey visigodo Alarico I saqueó en 410, lo que provocó una conmoción en todo el Imperio. Poco después los vándalos, tras atravesar la península Ibérica, penetraron en el norte de África bajo dominio romano y establecieron un reino con capital en Cartago. En el año 451 un ejército romano comandado por Aecio y apoyado por los visigodos, derrotó a los hunos de Atila, pero dos años más tarde Roma fue saqueada de nuevo, esta vez por los vándalos. En ese momento Britania, Galia e Hispania estaban ocupadas por tribus germánicas.
La primera “oleada germánica” en Galia e Hispania ocurrió porque los hunos empujaron a otros pueblos germanos hacia el Rin: vándalos (asdingos y silingos), alanos y suevos (406), que saquearon la Galia hasta que penetraron en Hispania (409) y la dividieron en áreas de influencia. El emperador Honorio envió contra ellos a los visigodos (416), establecidos en el sur de la Galia con un foedus. Era el primer reino bárbaro en el interior del Imperio y había abrazado la herejía arriana, que no aceptaba que Cristo fuera parte de la Santísima trinidad, considerándolo simplemente un profeta.
Aecio fue el “último romano”, el gran defensor final del Imperio. En la época de Valentiniano III (423-455), Aecio resistió en la frontera del Rin, aliado temporalmente con los hunos, mientras otros pueblos germanos se infiltraban. Los vándalos ocupaban África, los suevos casi toda Hispania, los britanos se independizaron de hecho al tiempo que sufrían la invasión de anglos, sajones y jutos llegados de Germania y la actual Dinamarca. Finalmente, el rey huno Atila atacó al Imperio de Occidente en el 450. Primero fue derrotado por Aecio en Campus Mariacus en 451 pero al año siguiente volvió a atacar, ahora en Italia Roma; sólo su muerte salvó al Imperio un tiempo. El general romano Aecio fue ejecutado (454) por el emperador y éste un año después también es asesinado.
La disolución del poder imperial fue rápida en los dos decenios siguientes, a partir del 455. El Imperio de Occidente, reducido a Italia en el eje Milán-Ravena, quedó a merced de los jefes militares de origen germano Ricimero (456-472) y Odoacro (475-489), que entronizaron y depusieron a emperadores hasta que en el 476 fue depuesto el niño emperador Rómulo Augústulo, sin haber designado heredero.
Cuando a Zenón, el emperador del Imperio de Oriente, le aconsejaron que no designara un sucesor, la sugerencia parecía razonable. En teoría, en la ley y en los corazones del pueblo, el Imperio era invulnerable. Muchos reinados de emperadores habían sido cortos, muchos habían terminado violentamente y los pueblos germánicos beligerantes habían estado presentes en la vida política romana durante más de un siglo. Nadie podría haber imaginado en la época que Rómulo Augústulo (que irónicamente llevaba el nombre del legendario fundador de Roma) iba a ser el último emperador romano de Occidente y que una época había terminado.

Los reinos germánicos.
Desde entonces sólo restará el Imperio romano de Oriente, que pronto se llamará de Bizancio. 
Las tribus germánicas querían tierras y riquezas, pero también deseaban vivir como romanos, y lo que se considera convencionalmente como la 'barbarización' del Imperio de Occidente debería considerarse con la misma firmeza la romanización de los bárbaros. El conflicto básico entre ambos pueblos fue religioso.
Los germanos occidentales eran paganos que adoraban un panteón de dioses celestiales y deidades naturales. Los germanos orientales ya se habían convertido al cristianismo gracias a la intensa actividad misionera desarrollada por el obispo Ulfilas, un seguidor de la doctrina del arrianismo, que mantenía que Cristo era totalmente humano y no tenía naturaleza divina. En el año 380 esta teoría se consideró una herejía. De este modo, los pueblos germánicos fueron odiados y temidos menos como enemigos políticos de Roma que como portadores de una versión herética del cristianismo.
Los vándalos de Genserico invaden las provincias del norte de África, ricas en cereales, en el año 428 y después dominan el oeste del mar Mediterráneo con sus islas, pero debido a su arrianismo fracasará en integrar a la población católica.
Los visigodos, regidos por Teodorico II y Eurico, derrotan a los suevos, disuelven el foedus con Roma, y se extienden por el sur de Galia e Hispania, en esta sobre todo a partir de 507 al ser vencidos por los francos en la Galia.
Los burgundios, alamanes y francos, y el romano Egidio, dominan el resto de Galia. 
Hacia el año 500 la Europa bárbara sufre importantes cambios. Los ostrogodos de Teodorico invaden Italia y vencen al hérulo Odoacro, creando un reino ostrogodo poderoso y eficaz, aunque con estricta separación entre las dos comunidades, arriana y católica. 
Los francos de Clodoveo (convertido al catolicismo) se extienden por el norte de la Galia venciendo a Siagrio (el hijo de Egidio) y a los visigodos de Alarico II en el sur. 
En Inglaterra los invasores empujan a los cristianos britanos (o bretones) hacia Gales, Cornualles y la Bretaña (en Galia). Aparece así un Inglaterra anglosajona. Los pictos y escotos atacaron desde Irlanda y se apoderaron de Caledonia (la actual Escocia) y los anglos, sajones y jutos tomaron el resto del país. Se crearon siete reinos, que conformaron la Heptarquía, en la que se sucedieron breves hegemonías mediante alianzas, hasta que Mercia dominó, al tiempo que se producía la recristianización del territorio.

En la península Ibérica, la conversión del visigodo Recaredo al cristianismo (año 587), resolvió el conflicto que enfrentaba a la iglesia hispanorromana con la élite invasora dominante. Se acepta que con Recaredo se estableció la unidad nacional, incorporando a los pueblos peninsulares en el sistema político de la monarquía visigoda.

La nueva sociedad medieval
Los nuevos invasores eran escasos (por ejemplo, apenas 12.000 guerreros ostrogodos tomaron Italia) pero tomaron el poder político con éxito y relativa facilidad. Pero la destrucción y la inseguridad afectaron gravemente a la población romana. Se interrumpieron las rutas comerciales , pero también aportaron una renovación moral, y nuevos ideales a una sociedad decadente.
Ante sus ataques el Imperio estaba casi indefenso, sin capacidad de movilización militar  y ni siquiera con la ambición de lograrla, porque al poco tiempo degeneraba en poderes regionales independientes. Los grupos sociales eran insolidarios entre sí y no deseaban luchar por el Imperio. En cambio, la Iglesia cristiana pasó con éxito la prueba, desligándose del Imperio y resistiendo el arrianismo no proselitista de los invasores, que obedecía a motivos de afirmación nacional antes que a ideas religiosas. Las “barbaries” indígenas anteriores a la romanidad renacieron con fuerza, así como las revueltas sociales y el bandidaje, lo que motivó la alianza entre la aristocracia romana y los invasores.
La influencia del ideal del Imperio se atempera con la consciencia de que la solución a los problemas sólo podía estar en poderes regionales, con realezas basadas en la jefatura militar y judicial sobre los germanos y los romanos.
Pese a todo, el recuerdo del Imperio y sus estructuras imperiales se mantuvo largo tiempo en el latín, la administración, las leyes y los impuestos. La parcial reconquista bizantina ayudó a ello. La Iglesia ayudó con la sacralización del poder imperial y real, e intervino en la vida política (cargos públicos, concilios como precedentes de las Cortes). El papa Gregorio I adoctrinó que el rey debía ser católico para conservar su poder.
La realeza y la aristocracia se repartían el poder, a menudo con conflictos. El rey era un jefe guerrero electivo en la tradición germánica mientras que con la aristocracia, que tenía el poder militar y económico en el territorio. Con el tiempo la sucesión real por elección se sustituyó por la sangre (herencia del hijo varón mayor). La aristocracia consolidó su poder sobre la tierra, lo que le facilitó mantener clientelas militares e influir sobre la monarquía.
En los siglos VI a XI Europa sufrió en general un grave estancamiento económico, salvo en el Oriente bizantino. El Islam interrumpió gran parte del comercio mediterráneo. La miseria era general debido a la catástrofe de las estructuras políticas y económicas del Imperio (impuestos, moneda, seguridad, comercio, precios), deviniendo en una “economía natural” de intercambio hasta que el feudalismo asentó unas nuevas bases para el desarrollo.
El descenso de población fue generalizado: hambre, guerras, enfermedades, peste, inseguridad individual y colectiva, en un círculo vicioso de poca población y poca producción. Era un mundo del bosque, de espacios rurales recuperados por la naturaleza. Las costumbres alimentarias de los germanos (caza, pesca, ganado, recolección) se mezclaron con las mediterráneas (pan, vino, aceite). No se perdieron las técnicas agrícolas (rotación de cultivos, herramientas de hierro, molino de agua). Los cereales eran la base de la alimentación; la vid y el olivo se expandieron, como la ganadería.
Hubo una tendencia a la expansión de la gran propiedad, en manos de la aristocracia regional, de origen mixto romano y bárbaro. La propiedad real menguó cuando los reyes perdieron su poder poco a poco ante el empuje de la aristocracia regional. También la Iglesia acaparó grandes propiedades rurales (Carlos Martel realizó la primera gran secularización, para limitar el fenómeno).
Se empleaba mano de obra esclava para la terra dominicata y colonos libres para el resto, en mansos. Estos colonos vivían en la miseria normalmente. También los numerosos campesinos alodiales (en plena propiedad) vivían en perpetua inseguridad y solicitaban la protección de los poderosos, a cambio de sus tierras o de servicios. Lo importante era la producción y no la propiedad de la tierra.
La decadencia urbana comenzó con la crisis del siglo III y se ahondó en los siglos “bárbaros”. Apenas mantuvieron las ciudades unas funciones administrativas, militares, políticas, eclesiásticas (sobre todo las sedes episcopales), agrarias y comerciales. Una ciudad era grande con solo 10.000 habitantes. París y Roma alcanzaban en sus mejores épocas los 20.000.
La producción artesanal se ruralizó, en manos de campesinos en sus ratos de descanso de las labores agrarias. La moneda decayó por la falta de poder estatal enla acuñación, subsistiendo sólo la moneda de oro bizantina hasta el siglo VII. El comercio mantuvo cierto nivel pese a todo, en especial en el Mediterráneo gracias a Bizancio y en el Mar del Norte.
Surgió el problema de cómo crear un conjunto social coherente, con garantías de seguridad para la población. Se logró mediante la fusión social de poblaciones heterogéneas, a cambio de una profunda aculturación de la población romana que recibió la influencia germana. Las aristocracias romana y germana se fundieron con facilidad salvo en África, Italia y Britania. En el campo fue muy fácil, debido a la ruralización de la sociedad; pero más difícil fue en la ciudad.
Al decaer la seguridad garantizada por el Estado los individuos la buscaron en la familia (el matrimonio se convirtió en una contraprestación) y la clientela (base de los vínculos de poder militar y social).
El ordenamiento y la práctica jurídicos evolucionaron hacia una fusión entre los principios jurídicos de nacionalidad (germano) y territorialidad (romano), el derecho de origen colectivo (germano) y el de origen real (romano). Se pusieron por escrito las principales fuentes del derecho, como vemos en Hispania: Código de Eurico, Breviario de Alarico y el Liber Iudiciorum

El reino merovingio.
En el norte, la historia europea desde el siglo V al IX estuvo dominada por un grupo de tribus germánicas occidentales denominadas colectivamente francos. Al contrario que los germanos orientales, los francos se convirtieron directamente de su antiguo paganismo al cristianismo católico, sin un periodo intermedio de arrianismo.
Su gran rey Clodoveo I era un descendiente de Merovech o Merowig (que reinó entre 448 y 458) y parte de la familia gobernante de los francos salios, fue el primer rey de la dinastía merovingia. Gracias a sus numerosas victorias contra otros pueblos y el éxito de una larga serie de complejas disputas familiares características de la cultura franca, se convirtió en el gobernante supremo de todos los francos. Clodoveo unificó a los francos, aumentó su influencia sobre los otros reinos germánicos vecinos, se convirtió al catolicismo en 496 lo que facilitó el futuro de la dinastía, y ocupó la zona del Loira venciendo a Siagrio y luego la visigoda del sur derrotando a Alarico II en Vouillé (509). 
Pero había un grave problema, la división de la herencia entre los príncipes varones. A la muerte de Clodoveo, por la ley tradicional de los francos salios, las tierras bajo su control se dividieron entre sus cuatro hijos. Éstos, a su vez, dejarían sus tierras a todos sus herederos masculinos, de manera que toda la época del reinado merovingio se caracterizó por periodos alternos de fragmentación y consolidación, dependiendo del número y habilidades de los herederos.
Esto duró hasta el siglo VIII. Históricamente los últimos reyes merovingios se ganaron el apelativo de rois fainéants (reyes perezosos), al tiempo que las guerras ampliaron el reino por Alemania y los Alpes. Se formaron tres bloques territoriales: Burgundia (Borgoña), Austrasia y Neustria. La figura del mayordomo (en el sentido de dirigente) de palacio adquirió un creciente poder fáctico y así aparece la nueva dinastía carolingia, con Pipino de Herstal y su hijo Carlos Martel, quien vencerá a los invasores musulmanes en Poitiers (739) salvando así al Occidente cristiano. El poder se concentró en su cargo del mayordomo de palacio y no en el rey, hasta que, en el año 751, el rey Childerico III y su único hijo fueron encarcelados. Su pelo largo (simbolismo de su nobleza) fue cortado y el mayordomo de palacio, Pipino el Breve, hijo del gran guerrero Carlos Martel, se proclamó rey de los francos, el primero de la dinastía carolingia en asumir el título real.

El reino franco merovingio mezcló elementos romanos y germánicos, empezando por los matrimonios entre la aristocracia romana y los nobles francos, y esta política se hizo con la bendición de la Iglesia.

El Imperio carolingio.
El golpe de Estado carolingio nunca habría ocurrido sin la intervención activa del papa. En varias cartas, escritas entre el año 740 y el 750, entre Pipino y el rey carolingio aquél, inquiría sobre la conveniencia de mejorar el gobierno del reino, en el que todo el poder no estaba en manos del monarca; el papa respondió citando el precedente bíblico de David, ungido por el profeta Samuel mientras el rey Saul aún vivía. Es más, el papa siguió el precedente y ungió a Pipino, y seguiría ungiendo a sus descendientes en un ritual de consagración real.

Carlomagno.
El más grande de los reyes carolingios fue Carlomagno (742-814) que en su propia época fue una figura mítica y legendaria. Su reinado marcó la culminación del desarrollo franco. Bajo su gobierno, los francos, por medio de una serie de conquistas, se convirtieron en los dueños de Occidente y en los garantes del poder papal en Italia. Carlomagno derrotó a los lombardos en Italia, a los frisios en el norte, a los sajones en el este, se anexionó el ducado de Baviera y expulsó a los musulmanes del sur de Francia. Consolidó su poder sobre este vasto territorio al conseguir que los miembros de los sectores terratenientes se aliaran entre sí y con él mismo mediante juramentos especiales de lealtad, que se recompensaban ocasionalmente con tierras de zonas recién conquistadas y con absoluta jurisdicción sobre sus súbditos. Esta política —el primer ejemplo importante de los crecientes lazos de dependencia personal conectados con el poder político llamado feudalismo— no sólo proporcionó a Carlomagno un suministro permanente de guerreros, sino que también contribuyó a controlar más fácilmente su territorio. Los vasallos del rey, sus subordinados más cercanos, y los vasallos de éstos se convirtieron a su vez en delegados y representantes del propio monarca.
El aumento del sentido de misión cristiana de Carlomagno fue inseparable de la consolidación militar y política. Fundó monasterios en territorios fronterizos que funcionaron como establecimientos de colonizadores que sometieron los bosques y pantanos (los imponentes hogares de los antiguos dioses paganos) al control cristiano y los hicieron cultivables. También fueron centros de actividad misionera y educacional, pues la expansión del cristianismo requería un clero preparado, un rito homogeneizado y la producción de libros importantes. La clave fue la educación, y el trabajo práctico de fundación y dotación de personal de las escuelas monásticas y catedralicias demandaba ayuda exterior. Carlomagno la encontró en Roma y en las tierras lombardas de Italia, donde las antiguas tradiciones educativas no habían muerto por completo. No obstante, la mayor contribución a la reforma educacional carolingia fue anglo-irlandesa, pues los grandes monasterios de Inglaterra e Irlanda eran ricos en libros y en su preparación; de hecho, el consejero principal de Carlomagno fue el erudito inglés Alcuino de York.

El reino de los francos, como resultado, integró Europa territorial y culturalmente como no se había hecho desde el Imperio romano. El día de Navidad del año 800, Carlomagno fue a oír misa a la catedral de San Pedro de Roma. Según se cuenta, mientras se levantaba de orar, el papa colocó una corona en su cabeza, se inclinó ante él y le proclamó imperator et augustus ante el pueblo. Así pues, Carlomagno se convirtió no sólo en el emperador de los francos, sino también de Roma. El poder del nuevo Estado (que se llamó Sacro Imperio Romano Germánico), la organización de la Iglesia, las antiguas tradiciones de Roma se habían vuelto indistinguibles.

La Hispania visigoda.
La derrota y muerte del rey visigodo Alarico II en la batalla de Vouillé (507) contra los francos supuso la pérdida de la Galia excepto la Septimania y la emigración de los visigodos hacia Hispania, al amparo de la protección del rey ostrogodo Teodorico, lo que permitió una pronta recuperación. El siglo VI vivió cambios de reyes, luchas civiles y la conquista bizantina de la costa bética.
El rey Leovigildo (569-586) fue el último adalid del arrianismo, y emprendió unas exitosas conquistas militares contra suevos, vascos, cántabros y bizantinos, consolidando un poder real centralizado y hereditario. Su hijo y sucesor Recaredo (586-601) se convirtió al catolicismo y con él la aristocracia visigoda.
En el siglo VII hubo un continuo enfrentamiento entre monarquía y aristocracia, con guerras civiles, aunque también se logró la expulsión de los bizantinos. Los reyes Chindasvinto y Recesvinto pugnaron en fortalecer el poder real, pero con Egica y Witiza llegó la crisis final, causada por un excesivo poder aristocrático, que facilitaría en el reinado de Rodrigo la invasión musulmana del 711.

El Imperio Bizantino (476 a 1453).
El Imperio Romano se dividió en el año 395 tras la muerte del emperador Teodosio, que legó a cada uno de sus dos hijos una de las partes: a Acadio, la parte oriental, con capital en Constantinopla, y a Honorio, la parte occidental, con capital en Rávena.
Esta división no fue arbitraria. La economía, sociedad, lengua, que en la zona oriental era predominantemente griega. La cultura e incluso los ritos litúrgicos se diferenciaban mucho en las dos áreas del antiguo imperio. Se trata de una cultura asentada fundamentalmente en bases de la antigüedad aunque profundamente cristianizadas.
Con la caída en el 476 del Imperio Romano de Occidente, este territorio occidental se dividió en centros independientes de poder, los llamados reinos germánicos, y en consecuencia el Imperio de Oriente se convirtió en el único sucesor legítimo del Imperio Romano y principal potencia del Mediterráneo, tanto en el plano político como militar, económico y cultural.
Al Imperio de Oriente se le va a denominar Imperio Bizantino porque Constantinopla era una antigua colonia griega fundada en el Bósforo en el siglo VII llamada Bizancio. El emperador Constantino creó en 330 sobre esta colonia una nueva ciudad, la Nueva Roma, a la que después dio su nombre, convirtiéndola en el centro político y militar de la zona oriental del Imperio. Cuando éste se dividió, Constantinopla se convirtió en la capital del Imperio de Oriente, que por extensión de la palabra Bizancio fue denominado Imperio Bizantino.
Los propios soberanos germánicos del Mediterráneo occidental mantenían la convicción de que el emperador de Oriente era la autoridad suprema del poder legítimo y por ello los distintos reyes germánicos mantenían su lealtad a Oriente y se manifestaban vasallos del emperador.
El Imperio Bizantino, por su parte, seguía siendo el centro del mundo conocido, pero a pesar de haber superado la avalancha de las invasiones bárbaras sin sufrir grandes daños, puesto que se desviaron hacia Occidente, era un imperio que sufría la herejía monofisita (aseguraba que Cristo sólo tiene naturaleza divina), un conflicto teológico que dividía el Imperio, sobre todo en Egipto y Siria, e impedía que afianzara su posición hegemónica en el Mediterráneo.
El Imperio oriental superó la época de las invasiones de visigodos, hunos, hérulos y ostrogodos, desviando sus ataques hacia Occidente. Sus emperadores más destacados fueron Arcadio (395-408), Teodosio II (408-450), Marciano (450-457), León I (457-474), Zenón (474-491), Anastasio (491-518) y Justino I (518-527), el tío y precedecesor de Justiniano. Con ellos el Imperio de Oriente resistió los embates de Atila, la heterodoxia monofisita y las crisis dinásticas, gracias a su situación estratégica, elevada población y próspera economía, en comparación con la debilidad del extinto Imperio de Occidente.



Justiniano I, que accede al trono en el 527, comienza la mayor época de esplendor político y cultural. En este momento los territorios mediterráneos del antiguo Imperio Romano estaban divididos entre el Imperio Romano de Oriente, en el que reinaba Justiniano, el reino de los visigodos en Hispania, el reino de los francos en Francia y otros territorios vecinos, el reino de los ostrogodos en Italia, y el reino de los vándalos en el norte de África.
Justiniano, motivado por la idea de renovar el esplendor imperial emprende la reconquista del Mediterráneo occidental.
Como novedad, Justiniano concibe el Imperio Romano como un imperio cristiano, de ahí su obsesión por librar a sus súbditos del poder de los cismáticos arrianos, que conlleva poner fin a la soberanía de los germanos. En el ideal de Justiniano se ven unidos fe y política. La política religiosa de Justiniano también contribuyó a la centralización. En una época de intensos conflictos religiosos y revisión de la doctrina, el Imperio bizantino se convirtió en el Imperio ortodoxo y la religión del emperador en la religión oficial del Estado.
El Gobierno se convirtió por entero en un cuerpo profesional y civil, centrado en el palacio imperial y, lo más importante, en el emperador mismo. La economía y la recaudación de impuestos se centralizaron. 
Justiniano era un hombre de excelente formación latina más que griega. Contó con el eficaz apoyo de su inteligente esposa Teodora (el historiador bizantino Procopio la describe como una actriz de teatro e incluso prostituta pero es tal vez un rumor para criticarla). En los mosaicos aparece en público con un ceremonial grandioso, símbolo del poder absoluto, pues los emperadores consideraban representante de Dios en la tierra, y asumían en consecuencia tanto el poder político como el religioso. Teóricamente, se admitía que había dos instituciones, con poder político, el emperador, y religioso, la Iglesia, que se unen en el emperador gracias a su condición de “rex-sacerdos”, un rey sacerdote, un césar-papa, creando un sistema político-religioso llamado “cesaropapismo”.
Entre los grandes logros culturales de Justiniano destacan el Código justinianeo, que compila el derecho romano y ha sido la base jurídica de la civilización occidental, y la arquitectura con grandes obras como la iglesia de Santa Sofía de Constantinopla.
Y fue un conquistador: toma Italia a los ostrogodos, África a los vándalos y una parte de Hispania, la Bética, a los visigodos.
En los primeros años de su reinado, Justiniano se embarcó en un intento de reconquistar el Occidente de los reinos bárbaros: el reino vándalo de África, el itálico de los ostrogodos y el reino de los visigodos en la península Ibérica. 

Las conquistas occidentales de Justiniano dieron a la Europa medieval su estructura cultural característica. Los territorios europeos mediterráneos se separaron del norte, económica y culturalmente subdesarrollado. En realidad eran parte de Oriente Próximo, una evolución que se consumó en el siglo VII, cuando el norte de África y el suroeste de Europa (España y partes del sureste de Francia) cayeron ante los ejércitos musulmanes.

La reconquista bizantina de Justiniano fue rápida en África (533-534) pero muy difícil en Italia (535-540) y hacia 540 surge una crisis bélica general en las fronteras de Bizancio. La lucha con los ostrogodos terminó hacia 554 con una gran destrucción en Italia, mientras se debilitaba militar y financieramente el Imperio con demasiadas cargas. Los Balcanes fueron devastados por los ávaros y los pueblos eslavos. Los lombardos conquistarán pronto gran parte de Italia (desde 568) en la última invasión arriana; los visigodos recuperarán el sur de Hispania. En el este los persas sasánidas llegan a apoderarse por un tiempo de Siria y Egipto, hasta que Heraclio les vence, pero poco después los bizantinos retroceden dramáticamente ante las invasiones islámicas del siglo VII, en Palestina, Siria, Egipto y el norte de África.
A partir de la segunda mitad del siglo IX el imperio bizantino se recupera con la dinastía macedónica (867-1056), sobre todo con el emperador Basilio II, vencedor de los búlgaros. Ha logrado el dominio sobre los Balcanes y la península de Anatolia (actual Turquía), hecho retroceder a los musulmanes hasta Siria e incluso reconquistado Creta y Chipre. Mantenían su dominio incluso en parte del sur de Italia, aunque los árabes tuvieron el dominio de Sicilia desde el 827.
Bizancio es entonces la civilización cristiana más influyente en toda Europa y extiende su poder político con pactos matrimoniales con los emperadores germanos o con el proselitismo religioso de los misioneros Cirilo y Metodio en los países eslavos, desde los Balcanes hasta Rusia.
La Iglesia oriental está en proceso de separación de la occidental, pues no acepta la hegemonía del obispo o papa de Roma. A mediados del siglo IX, Focio, patriarca de Constantinopla, establece ya la independencia de su sede respecto a Roma, aunque el cisma definitivo llegó en el 1054 cuando Miguel Cerulario, también patriarca de Constantinopla, se negó a reconocer la autoridad de los legados del papa León IX y funda la Iglesia Ortodoxa griega, separada de la Iglesia Católica hasta hoy.
El imperio arrostró los desastres de la invasión de los turcos selyuquíes, que causó la pérdida de gran parte de Anatolia tras las derrotas de Manzikert (1071) y Miriócefalo (1176). Los recursos de la dinastía comnena (1081-1185) se volcaron en las guerras y apenas consiguieron frenar un siglo la acometida islámica, mientras las construcciones fueron más escasas que en el periodo macedónico.
El periodo medio tuvo un final traumático con el saqueo de Constantinopla por los caballeros de la Cuarta Cruzada en el año 1204, que benefició sobre todo a los venecianos y supuso un breve intervalo de tiempo durante el que Constantinopla estuvo bajo dominio de una dinastía occidental (1204-1261). El imperio se dividió entre los cruzados, las potencias navales de Génova y Venecia, y tres dinastías bizantinas en Morea, Nicea y Trebisonda, que mantuvieron a duras penas la cultura y el arte propios. Apenas hay edificios de esta época de duras luchas.
Finalmente, surgió a partir de su núcleo de Nicea la última dinastía bizantina, la de los emperadores paleólogos (1258-1453), que reconquistó la capital el año 1261 e impulsó un último renacimiento político y cultural.
Pero los turcos otomanos fueron royendo las fronteras del imperio hasta conquistar la capital en 1453. El último emperador pereció en la lucha. Su cuerpo no fue encontrado.

El Irán sasánida.
Los sasánidas, dirigidos por su rey Ardashir, toman el poder en Persia a los partos en 226 y en los dos siglos siguientes luchan a menudo contra Roma hasta la paz de 399, cuando las invasiones de los hunos les obligaron desviar su atención. Posteriormente destacan los reyes Kavad I (488-531) y Cosroes I (531-579).
El campesinado trabajaba las tierras mediante el usufructo, había una próspera ganadería, un activo comercio con China, India y Roma, lo que permitió un desarrollo urbano y la acuñación de la estable moneda de plata (el direm), Su religión mazdeísta llevó una dura persecución del maniqueísmo de los partos. La rica cultura irania influirá en el Islam, sobre todo en la arquitectura y la literatura.

La Iglesia.
La oposición religiosa a los invasores paganos y arrianos dio un nuevo sentido a la Iglesia y al papado durante este periodo. El gobierno eclesiástico se había organizado de forma muy parecida a la administración provincial romana: el control estaba en las manos de los obispos independientes locales. No obstante, tres obispados, Alejandría, Antioquía y Roma, ocuparon posiciones comparables a las de los gobernadores provinciales, al supervisar no sólo las congregaciones de sus propias ciudades, sino también las de los territorios vecinos. Los tres fueron figuras de gran prestigio y cada uno recibió el título honorífico de papa (padre). El papa de Roma tenía el prestigio adicional de ser el heredero directo de san Pedro, el primer obispo de Roma. En principio la influencia del papado creció por la enorme actividad de varios papas romanos, pero la transigencia, la parálisis y el colapso final del gobierno romano en Occidente fue un motivo aún más importante: mientras la autoridad política se desintegraba, los obispos permanecieron firmes en lo que ellos consideraban la verdad y el antiguo orden, y el último representante de este orden en Roma ya no eran el emperador o el Senado sino el papa, que ocupaba la silla de San Pedro.
La Iglesia se dividió de facto en organizaciones regionales autónomas, dominadas por los primados y más abajo por los obispos, aunque todos aceptaban la doctrina emanada del papa de Roma, cuyo nombramiento se hizo por los emperadores de Bizancio hasta mediados del siglo VIII, cuando menguó el poder bizantino en Italia y los papas se aliaron con los carolingios.
Los obispos eran nombrados por influencia de los reyes, los aristócratas, los otros obispos y el primado respectivo; el papa apenas intervenía.
La pugna entre arrianismo y ortodoxia marcó la vida religiosa de los primeros reinos bárbaros. El arrianismo de los pueblos germanos se mantuvo como un factor de cohesión nacional, por lo que no hubo proselitismo, y de oposición a Roma y el Imperio bizantino. La resistencia católica triunfó al fin sobre esta herejía, con las conversiones comenzadas con los reyes.
Se extendió por el campo una red de parroquias que cristianizaron a la población, culminando un antiguo proceso. Muchas eran iglesias privadas, constituidas por aristócratas en sus dominios. 
Pero es preciso señalar que el paganismo persistió en gran parte de las zonas rurales de Europa hasta al menos el siglo X e incluso más tarde en las zonas periféricas.
Se desarrolló el monaquismo, cuyos modelos orientales se difundieron por Hispania, Galia o Irlanda. El monaquismo irlandés será el máximo defensor del cristianismo en su extremo del mundo civilizado, de modo que los abades tienen más poder que los obispos (monjes casi todos) y se extenderá con ánimo proselitista por la Europa occidental gracias a San Columbano. San Benito de Nursia creó la orden benedictina, con sus moderadas reglas prácticas para la comunidad, cuyo mejor ejemplo será el monasterio benedictino de Monte Casino; tendrá un inmenso éxito en la Edad Media. Casiodoro influyó en la vinculación de los monasterios a la cultura y la copia de libros en los scriptoria.
Agustín comenzó la recuperación de Inglaterra, para la Iglesia romana, en pugna con los monjes irlandeses. En Italia la cristianización logró la conversión de los lombardos, y siguen después, más al norte, las regiones de Frisia, Turingia y Baviera.

La cultura.
La cultura intelectual padece debido al “desmembramiento intelectual de la romanidad”, con regiones incomunicadas entre sí, al tiempo que se fijan las fronteras lingüísticas, sobre todo la latino-germánica, al sur del Rin.
Los principales centros de creación y difusión de cultura son algunas escuelas supervivientes del tipo clásico, para la enseñanza del derecho, la medicina o la gramática, sobre todo en Italia. Las escuelas clericales y monásticas adquieren progresiva importancia, con su educación moral, religiosa y literaria.
Los autores más destacados son Boecio a Beda. Boecio, Casiodoro, Gregorio Magno, Sidonio Apolinar, Isidoro de Sevilla (la gran figura intelectual de la época en el reino visigodo y Europa, con sus Etimologias, tal vez el libro más leído durante varios siglos); y los monjes irlandeses, sobre todo Beda el Venerable.
El arte bárbaro destaca en las artes menores y decorativas, con poca arquitectura, salvo en Hispania y la Galia.

UN RESUM EN CATALÀ.
Els vàndals a les Balears.
Els vàndals són un des pobles germànics que envaeixen l’Imperi Romà, anomenats bàrbars perquè els romans consideraven la seva cultura inferior a la romana. Ocuparen el sud de la Península Ibèrica, després el nord d’Àfrica i des d’allà atacaren i varen conquerir les Balears i les Pitiüses.
A Mallorca destruïren la ciutat de Pollentia i en temps de Genseric (l’any 454) ocuparen tota l’illa i s’hi quedaren 80 anys. Han quedat poques dades del que feren els vàndals a les nostres illes, no hi deixaren cap monument ni cap obra important que els recordi.

Els bizantins a les Balears.
Els bizantins, que eren romans d’Orient, conqueriren les illes després de véncer als vàndals però prest el seu domini s’afebli i mantingueren només un domini legal fins al 902. La población es reduí i empobrí i sembla que les autoritats més importants eren els tres bisbes de Mallorca, Menorca i Eivissa.


UD FUENTES.
Películas.
Documentales.
Bárbaros. Los francos. 43 minutos.
Bárbaros. Los godos. 43 minutos.
Bárbaros. Los hunos. 43 minutos.
Bárbaros. Los sajones. 43 minutos. Desde la invasión de Inglatera por los sajones en el siglo V, hasta el siglo X.
Bárbaros. Los vándalos. 43 minutos.

Las tribus germánicas. 52 minutos.
Exposiciones.
Libros.
Artículos. Orden cronológico.
Montañés, J. Á. De Barcino a Barcinona. “El País” Cataluña (6-IV-2015) 4. La Barcelona de los visigodos.

Dosier: Bizancio.
Documentales.
La construcción de un imperio. Los bizantinos. 44 minutos. Constantino el Grande y la fundación de Constantinopla, el gran acueducto, las murallas de Teodosio II, Justiniano I, el hipódromo, Santa Sofía, Basilio II...
Exposiciones de arte bizantino.
*<La gloria de Bizancio>. Nueva York. MET (11 marzo-6 ju­lio 1997). 344 obras de la segunda Edad de Oro de Bizancio (843-1261).
<Byzantium 330-1453>. Londres. Royal Academy of Arts (25 octubre 2008-22 marzo 2009). 300 objetos de arte y cultura bizantinos. Reseña de Walter Oppenheimer. Arte y disputas bizantinas. “El País” (29-X-2008) 43.
Libros.
Bravo, Antonio. Bizancio. Akal. Madrid. 1997. 144 pp.
Herrin, Judith. Bizancio. El imperio que hizo posible la Europa moderna. Debate. Barcelona. 2009. 495 pp. Reseña de Carlos García Gual. “El País” Babelia 964 (15-V-2010) 15.
Ostrogorsky, G. Historia del Estado Bizantino. Akal. Madrid. 1984 (1963 alemán). 617 pp.
Libros de arte bizantino.
Cutler, Anthnoy; Spieser, Jean-Michael. Byzance médiévaleCol. Universe des Formes. NRF. París. 1997. 448 pp. 347 ilus. (s. VIII-XII).
Grabar, André. La edad de oro de JustinianoAguilar. Madrid. 1966. 408 pp.
Mango, Cyril. Arquitectura bizantina. Aguilar. Madrid. 1989. 387 pp.
Rodley, Lyn. Byzantine art and architecture. Cambridge. Cambridge University Press.1994. 394 pp.

CS 1 UD 18. Hispania y Baleares en la Edad Antigua.

CS 1 UD 18. HISPANIA Y BALEARES EN LA EDAD ANTIGUA.

LA EDAD DEL HIERRO EN LA PENÍNSULA.
TARTESSOS.
LA CUESTIÓN DE LOS IBEROS Y LOS CELTAS.
LOS IBEROS.
LOS CELTAS Y CELTÍBEROS DEL NORTE Y CENTRO DE LA PENÍNSULA.
LOS VASCOS.
LAS PRIMERAS COLONIZACIONES.
Las colonizaciones mediterráneas de fenicios, púnicos y griegos en la Península Ibérica.
LOS ROMANOS.
La conquista romana de Hispania.
Hispania, un territorio del Imperio Romano.
La Baleárica, provincia romana.
Dosier: La vida cotidiana en las ciudades de Hispania.
El legado de Roma en Hispania.
UN RESUM EN CATALÀ.
Els romans a les Balears.

LA EDAD DEL HIERRO.
En la Península el hierro lo introducen los pueblos celtas, que ocuparán distintos puntos desde principios del primer milenio y extienden la nueva técnica a los pueblos indígenas del centro y a los iberos de la zona mediterránea.
La llegada de colonizadores griegos y fenicios provoca cambios culturales, en­trando la Península en los circuitos comerciales mediterráneos, así como se inicia la Historia escrita, en este periodo que comienza en los siglos VIII-VI.

TARTESSOS.

Mapa de Tartessos y las colonias más cercanas.

En Andalucía occidental surge la gran cultura tartésica. Es un misterio todavía. Las primeras fuentes escritas son la Biblia (se supone que la rica Tarsis se refiere a Tartessos), Estrabón, Herodoto y Avieno.
Se duda sobre si hubo un Estado centralizado con una capital o fue una confederación de ciudades. Es posible que alcanzara desde Huelva hasta Cartagena, política o culturalmente. Parece que hubo una monarquía de origen indoeuropeo, desta­cando entre los reyes Gargoris y el famoso y longevo Argantonio (c. 630-550), bien relacionado con los foceos según Heródoto, quien narra el viaje de Colaios de Samos (630) y su amistad con el rey tartesio.
La economía era próspera gracias a la agricultura y ganadería, la pesca, la mine­ría y metalurgia (cobre, plata, plomo), el comercio de metales (era intermediario entre el estaño del norte de Europa y el Mediterráneo). Había una escritura silábica de 32 signos aún indescifrados. El arte estaba muy influido por Oriente, en cerámica, orfebrería (tesoro de Carambolo) y armas.
La decadencia llegó con el auge de los cartagineses, que destruyeron el Estado hacia el 500 aC. Su población perduró en el pueblo de los turdetanos.

LA CUESTIÓN DE LOS IBEROS Y LOS CELTAS.
Parece que la Península estaba habitada a mediados del primer milenio y hasta la conquista romana por una amplia diversidad de pueblos entre los que destacaban dos grupos: iberos y celtas, con mutuas influencias.
Hay un permanente debate historiográfico sobre los iberos, los celtas y su eventual fusión en los celtíberos, sobre sus relaciones y extensión, sobre su organización política y social, su cultura y arte, por lo que debemos limitarnos a trazar una panorámica general de las últimas opiniones más consolidadas. Debemos desterrar la obsoleta idea tradicional de que los celtas se establecieron en el NO de la Península arrinconando a los iberos al Mediterráneo y mezclándose con estos en el centro.
Hoy se considera que hubo una geografía variable en el asentamiento de los pueblos celtas y que los iberos son un fenómeno predominantemente cultural, mientras que el grupo celtíbero se formó como resultado de la fusión de algunos pueblos indígenas de la Meseta con los celtas, por lo que no habría existido influencia de los iberos.

LOS IBEROS.
El fenómeno ibero.
Los pueblos iberos descendían de las comunidades prehistóricas (sobre todo de la Cultura del Argar), con un fuerte sustrato africano. Estaban establecidos en Andalucía y la costa mediterránea.
La tesis dominante es que lo ibérico se reduce a un fenómeno cultural en arte, religión, costumbres, hablando variantes de un común idioma pre-indoeuropeo. Almagro, Blázquez y Tarrandell interpretan que la cultura ibérica nace como conse­cuencia de la influencia de los pueblos colonizadores fenicios y griegos sobre las pobla­ciones indígenas, formando un conjunto de pueblos sin unidad política, con diferencias en la organización político-social, pero con una cultura bastante homogénea.
La diversidad tribal.
Había una gran diversidad de pueblos iberos, en especial donde la influencia de los grupos militares celtas había sido mayor, provocando la disgregación política. Se extendían por la costa mediterránea, el valle del Ebro, e incluso más allá del Pirineo, por el Languedoc, hasta unirse con los ligures y galos.
Organización socio-política.
No tenían una organización política homogénea, que podía ser monárquica (en la costa mediterránea) o aristocrática (en el interior y hacia el norte y oeste). En Sagunto había una democracia incipiente al modo griego. Se organizaban por lo común en ciudades-estado con un espacio alrededor de dimensión muy variable con aldeas menores. Los poblados eran pequeños (Ullastret, Azaila, Archena...), de calles estrechas y tortuosas, fuertemente amurallados, situados por lo general en altozanos y con una necrópolis cercana.
Había una estratificación social basada en la riqueza. La nobleza aristocrática tenía el poder político y económico, monopolizando la monarquía. Una seminobleza y una clase de medianos terratenientes tenían unos niveles más modestos y eran ciudadanos libres. La clase baja la componía la inmensa mayoría de la población: campesinos, ganaderos, artesanos. Por último, los siervos y esclavos. La tierra puede ser comunal o de propiedad privada.
Economía.
La base económica era la agricultura de cereales, vid, olivo, frutales, lino. Además contaban con la explotación forestal, la ganadería (caballos, vacas, ovejas y cabras), la caza y la pesca.
La artesanía era importante: metalurgia, armas, salazón de pescado, cerámica, orfebrería, tejidos de lino.
La minería era muy rica en hierro, estaño, plata, cobre, oro y minio.
El comercio se concentraba en la costa mediterránea, cerca de las colonias semitas y griegas, con exportación de metales (la mayor fuente de riqueza), lana, esparto, lino y alimentos (miel, aceite) e importación de productos manufacturados (cerámica, esculturas, armas, tejidos, perfumes).
La moneda será una aportación griega y las primeras acuñaciones son de Emporion en 400 aC, difundiéndose a casi todas las ciudades importantes en los siglos IV-III aC.
Religión.
Había un gran número de dioses, masculinos y femeninos, tanto de origen autóctono, como semita y griego.
No se han encontrado templos, pero sí santuarios en la cumbre de las montañas, en los que se depositaban exvotos religiosos (amuletos de bronce o barro), en el Cerro de Santos, Castillar de Santisteban o la Serreta.
La incineración era el modo común de sepultura, en un vaso cerámico con alimentos.
Cultura.
La escritura ibera parece que se originó en Tartessos, por la influencia fenicia y griega, y se desarrolló hasta la dominación romana.
Su alfabeto resta aún indescifrado pero últimamente se han hecho grandes progresos.
Arte.
La arquitectura es urbana. Destaca la funeraria, con materiales de piedra, el adobe y la madera: la tumba de Toya. Los ilergetes del Urgel tenían una gran fortaleza en Els Vilars (para 150 personas), que duró entre s. IX y 325 aC, posiblemente la mejor obra de defensa de la Península (murallas, torres, foso, campo exterior de frisa para obstaculizar el avance enemigo).
La escultura de piedra, terracota o bronce, fomentada por los innumerables exvotos que se depositaban en los santuarios, en forma de hombres (orantes esquemáticos), mujeres (orantes femeninas encapuchadas) y animales (Bicha de Bazalo­te, toro de Osuna).
Las mejores esculturas de sacerdotisas oferentes son la Dama de Elche y la Dama de Baza, ambas de evidente influencia púnica (son una versión ibera de la diosa cartaginesa Tanit y los amuletos que llevan son fenicios) y griega (peinado, ropaje). Lle­van un hueco para albergar las cenizas del difunto. La Dama de Elche, más anterior, es la máxima obra del arte ibero, con excelente técnica, pero sólo se ha conservado su busto; la Dama de Baza es más rústica, con un ropaje indígena, mucha joyería y conserva su trono griego.
En la escultura ibera también impresionan los guerreros de Cerrillo Blanco, en Porcuna (Jaén), de gran volumen y cuidado esquematismo. Un misterio es la destruc­ción masiva de muchas de estas grandes esculturas iberas h. el s. IV, reutilizando los materiales para otros usos. )Hubo un cambio religioso o una crisis social? Es una excepción histórica esta iconoclastia, ya que no hubo un cambio radical en la sociedad ibera.
La cerámica es muy variada, con influencia griega, decorada con motivos geo­métricos (Archena), zoomórficos (Azaila), narrativo de procesiones de guerreros (Liria).
LOS PUEBLOS IBEROS.
Podemos establecer una división tribal y espacial aproximada gracias a las fuentes romanas:
Andalucía.
Turdetanos: herederos de los tartesios, ocupan casi todo el valle del Guadalqui­vir. Son el pueblo más avanzado económica y culturalmente.
Bastetanos: en Cádiz.
Oretanos: en la Sierra Morena.
Mastienos: cerca de Algeciras.
Libiofenices: de Málaga a Alme­ría.
Deitanos: en Cádiz.
Levante.
Contestanos: en el río Júcar.
Edetanos: en Valencia y Castellón (Sagunto).
Cataluña.
Sedetanos: en el Ebro.
Ilergetes: en el Urgel.
Suesetanos: en Tarragona.
Lacetanos: entre Barcelona y Blanes.
Ausetanos: entre Vich y Gerona.
Ausoceratas: en Besalú.
Bergistanos: en Berga.
Otros pueblos cercanos a los Pirineos (sordones, indiketas, ansosinos, airenosos...) sólo eran parcialmente ibéricos, con bastante influencia de celtas, vascos y otros indígenas.

PUEBLOS DEL CENTRO Y NORTE DE LA PENÍNSULA.
El fenómeno celta.
Los pueblos celtas eran invasores indoeuropeos del centro de Europa que habían penetrado en Cataluña, valle del Ebro, la Meseta, Galicia, Asturias, Portugal, Extremadura y algunas zonas de Andalucía. Habrían llegado en dos grandes oleadas, en los s. IX (Cultura de Hallstatt) y s. VI (Cultura de La Tène).
Hablaban una lengua indoeuropea, introdujeron el hierro (aunque también utili­zaban el bronce) y el sistema de enterramiento por incineración en urnas depositadas en hoyos (siguiendo una pauta que ya penetró en el s. XII con la “Cultura de los Campos de Urnas” en Cataluña), sustituyendo a la inhumación en cuevas. Sus poblados for­tificados eran de casas rectangulares. Conocían el arado y practicaban una agricultura cerealista.
Su triunfo cultural no fue completo, pues eran pequeños grupos guerreros, superiores sólo por su armamento de hierro, que por lo general formaron una casta mili­tar dominante sobre los pueblos indígenas del centro y norte (sobre los más atrasados impusieron fácilmente su cultura) y los pueblos iberos de Cataluña y el valle del Ebro, estos de una cultura superior, por lo que los celtas fueron integrados y aculturizados muy pronto pese a su dominio político-militar.
La diversidad tribal.
Eran muy heterogéneos, por el diferenciado sustrato indígena anterior a la invasión de los pueblos celtas indoeuropeos. Destacan los celtíberos (sobre todo los arevacos de Numancia), los carpetanos, vacceos y vetones, lusitanos, cántabros, astures y galaicos. En general, los más desarrollados estaban en la Meseta, mientras que los más pobres estaban en la cornisa cantábrica. Hay bastantes diferencias en su vida económica y organización social.
Organización socio-política.
Su estructura social en tribus y clanes era muy rígida, con una jerarquización aristocrática, en algunos casos con reyes, pero normalmente con jefes y régulos aristócratas elegidos por asambleas populares. Los hombres libres estaban ligados a los jefes mediante la clientela (el patrono protegía a sus clientes a cambio de fidelidad y servicios) y la devotio (una clientela específicamente militar, en la que los clientes lu­chaban al lado de su patrono, llegando incluso al suicidio en caso de muerte de este). 
En las zonas ganaderas dominaba la gran propiedad en manos de la aristocracia. En las zonas cerealistas la propiedad era comunal, con un reparto de las tierras entre los hombres libres. No parece que hubiera esclavitud, pero sí servidumbre y clientelismo. No se puede hablar de ciudades, aunque algunos poblados eran de cierto tamaño (Numancia, Segontia, los castros gallegos).
Economía.
La economía era cerealista en las llanuras de los ríos y, sobre todo, ganadera de carácter nómada, con una excelente metalurgia del hierro. La división del trabajo era mínima y apenas se conocía la moneda. La pobreza económica llevaba a muchos jefes a emprender expediciones de saqueo para obtener botín y contratarse como mercenarios con sus hombres.
Religión.
La religión era indoeuropea, con dioses de la guerra y de la naturaleza.
Cultura.
Se hablaban idiomas diferentes de origen indoeuropeo. La escritura va desa­pareciendo hacia el Noroeste.
Arte.
El arte era muy pobre: cerámica con decoración geométrica y una escultura de animales toscamente labrados, como los toros de Guisando.
LOS PUEBLOS CELTAS.
Celtíberos.
Es inexacta la idea de que eran una simple mezcla de celtas e iberos. Los celtíberos son el resultado de la fusión de algunos pueblos indígenas de la Meseta con los invasores indoeuropeos celtas procedentes del centro de Europa. Sus elementos culturales dominantes son de origen celta o indoeuropeo. Eran agricultores pobres y ganaderos. Las tribus principales era los arévacos, belos, titos, lusones y pelendones, que habitaban la zona centro-oriental de la Meseta, en poblados como Numancia, Bílbilis y Segóbriga. Por su pobreza realizaron servicios como mercenarios en los pueblos del sur y sureste de la Península, y más tarde en las tropas cartaginesas y roma­nas, lo que facilitó los intercambios culturales.
Los arevacos eran los más importantes, con su ciudad de Numancia, que resistió a los romanos en una larga guerra celtibérica (154-151 y 144-133 aC).
Carpetanos.
La Carpetania se extendía al sur de los celtíberos, en Castilla la Nueva, entre la sierra de Guadarrama y el Guadiana. Su economía era pastoril trashumante. La influencia céltica era escasa.
Vacceos y vetones.
Se extendían por el valle del Duero, hasta Ávila, Salamanca y Cáceres. Los vac­ceos eran una minoría militar que dominó a los vetones, un pueblo indígena anterior. Tenía una economía predominantemente agrícola (una excepción entre los celtas), con campos colectivos repartidos en lotes anuales, con un reparto colectivo del producto. La estructura tribal era muy fuerte.
Lusitanos.
La Lusitania se extendía por Portugal y Extremadura. En la zona de Lisboa y la costa del Algarve la economía era rica y variada. En el interior vivían del pastoreo y la guerra de pillaje sobre las poblaciones vecinas.
Cántabros.
En Cantabria. Su economía pastoril era muy pobre y eran duros guerreros, que saqueaban a sus vecinos.
Astures.
En Asturias, León y norte de Zamora. Con organización gentilicia en centurias. Muy atrasados en su economía pastoril.
Galaicos.
En Galicia. En esta zona la inmigración celta fue mucho menor de lo que se creía. La organización social era gentilicia en centurias y matriarcal, con la mujer como heredera de los bienes y responsable de dotar a los hermanos. Los dioses eran femeninos, en especial la diosa de la fecundidad. Al final, en el siglo II, aparecieron estructuras patriarcales y guerreras. La economía era de recolección, caza y pastoreo. Vivían en unos 5.000 castros fortificados en las colinas, con viviendas circulares. Destaca el castro de Santa Tecla. Se relacionaban culturalmente con los britanos.

LOS VASCOS: UN CASO APARTE.
Aparte de los pueblos ibérico y céltico y de la influencia de los colonizadores están los vascos, un sustrato étnico muy antiguo en la Península, que se extendían por ambos lados de los Pirineos y a lo largo de estos hasta Cataluña. Su raza y lengua es muy anterior a los pueblos restantes, sin el menor parentesco con las lenguas indoeuro­peas. Su economía pastoril y su agricultura arcaica hacían que la pobreza les empujara a continuas correrías de saqueo entre sus vecinos.

LAS COLONIZACIONES.
Hay dudas sobre si la vid y el olivo, las salinas y las técnicas mineras, la me­talurgia del hierro, la salazón del pescado, el torno de alfarero, la moneda, la escritura y otros adelantos llegaron con los fenicios o con los griegos: parece muy probable que con los dos pueblos, cada uno en su ámbito de influencia. Es probable que el uso del hierro se difundiera también por influencia celta desde el interior de la Península.

Colonización griega y fenicia en el Mediterráneo.

FENICIA.
La colonización fenicia, exclusivamente comercial, fue la primera en llegar a la Península Ibérica, pretendía dominar la ruta de los metales.
Las fuentes escritas sitúan su inicio en fechas extremas, en el s. XI, pero sólo se han encontrado restos desde el s. VIII. El primer asentamiento se produciría en Sexi (Almúñecar), el segundo en Huelva y el tercero (y más exitoso) en Cádiz, según las fuentes en el 1104-1100.
Al principio eran pequeñas factorías comerciales en la costa (preferentemente en las islas cercanas a la costa para mejor defenderse y comerciar), pero sobre el 750-650 se crearon pequeñas ciudades comerciales: las mayores serían Gadir (Cádiz), Sexi, Abdera, Malaka y Ebussus (Ibiza, 650). Una infinidad de pequeños establecimientos se extendió por la costa andaluza. El comercio fenicio se extendió también por el valle del Ebro, la otra ruta hacia el estaño del Atlántico, en 630-575.
El comercio fenicio recababa metales (cobre, plata, plomo, estaño) para llevarlos al Mediterráneo Oriental. Introducía a cambio cerámica, tejidos, armas... pero sobre todo su cultura: sus dioses Astarté, Melkart, Baal Hammon, mitos orientales (como muestran los temas de figuración en la cerámica ibérica), objetos de culto (páteras, jarros de libaciones, pebeteros, trípodes), la metalurgia del hierro (era conocida en Iberia ya un poco antes pero se difundió gracias a ellos en la costa levantina), la escritu­ra y el alfabeto (que pudo influir en el tartésico y el ibérico), el arte (sobre todo en los temas decorativos).

GRIEGA.
La colonización griega es diferente, pues atendía a dos objetivos: la ruta de los metales y la explotación rural para verter el exceso de población. La superpoblación griega motivó la necesidad de tierras para la agricultura, las tensiones sociales y la expansión comercial de las ciudades-estado. A partir del siglo VIII la solución fue crear colonias a lo largo del Mediterráneo. Los eubeos y calcidios llegaron a la Magna Grecia (sur de Italia) y desde ella se extendieron los griegos por toda la vertiente norte del Mediterráneo Occidental, pues la vertiente sur estaba en manos fenicias.
En España los rodios llegaron a Rhode (Rosas) tal vez en 776 (noticia de Estrabón), pero la arqueología no lo ha probado. Samnios y eginetas llegan a partir del 700: Heródoto narra el viaje de Colaios de Samos (630) y su amistad con el rey tartesio Argantonio.
Destacan los focenses (o foceos, de Focea, ciudad jonia de Asia menor) que fundan la colonia de Massalia (Marsella en el sur de Francia) en el 600 y en la Península la de Emporion (el “mercado”, actual Ampurias) hacia 580-575, en el golfo de Rosas (Gerona), a sólo 15 km del poblado ibérico de Ullastret. La colonia era dependiente de Massalia y fue una pequeña ciudad-colonia con un urbanismo regular y activo comer­cio, con mucha población ibera helenizada separada de la griega por una muralla; es evidente que hubo un acuerdo político entre iberos y griegos, pues convivieron las dos comunidades.
Más tarde se extendieron hacia el sur del Ebro, para comerciar con Tartessos, fundando Hemeroskopion (Denia, en Alicante), Alonis, Akra Leuke, Mainake, Portus Menusius (cerca de Gadir)..., pero tras la derrota naval de Alalia en 535 ante la flota etrusco-púnica tuvieron que abandonar el sur del Ebro (su presencia en Huelva desaparece, al mismo tiempo que el reino de Tartessos decae, y h. 500 es destruido por los cartagineses) y los focenses y massaliotas se concentraron en Emporion, que en 218 aC fue la primera base militar de la conquista romana.
Las importaciones de productos griegos son muy importantes en el periodo 600-500, pero luego los talleres ibéricos asimilan su arte y copian sus cerámicas, hasta que desde el 450 la cerámica clásica ateniense se vuelve a imponer, influyendo muy al interior de la península.
La influencia cultural es muy importante: dioses, ritos funerarios, mitos culturales, modo de vida heleno entre la aristocracia, la moneda (Emporion y Rhode), que se difundirá en las muchas cecas ibéricas.

CARTAGINESA.
La colonización cartaginesa vive dos etapas: comercial al principio, militar al final.
Con la caída de las ciudades de Fenicia en manos de asirios y después de los persas el predominio comercial pasó paulatinamente a los púnicos de Cartago (fundada en 630 aC), que en la primera etapa, desde el 600, se asentaron en las costas de la Cordillera Penibética, desde Málaga a Almería (colonia de Baria, importante puerto de minerales) y dominaron la ciudad de Ebussus. Montaron fábricas de salazón del pes­cado, de púrpura (extraída de la concha del murex) para la industria textil. Explotaron el esparto para las cuerdas y la cestería, así como grandes explotaciones agrícolas de vid, olivo, granado, con trabajo esclavista y avanzadas técnicas de cultivo. Importaron a cambio vasos griegos, amuletos de hueso, huevos de avestruz, vidrio, tejidos, orfebrería, armas...
Tras la derrota en la I Guerra Púnica con Roma, los cartagineses pasarán a la ocupación militar del interior peninsular, durante unos decenios. La familia Barca, con Asdrúbal, Amílcar y después Aníbal formaron un imperio, el primero en la Península, con una explotación organizada de las riquezas (alimentos, metales, soldados), hasta su derrota a finales del s. III. Fundaron Cartago Nova (Cartagena), como base naval para su futuro ataque a Roma.

LOS ROMANOS.* Se desarrolla en entradas especiales.
La conquista romana de Hispania.



Mapa de la conquista romana, a partir de la zona al norte del Ebro.

Hispania, un territorio del Imperio Romano.
La Baleárica, provincia romana.
Dosier: La vida cotidiana en las ciudades de Hispania.


La ciudad romana de Barcino (Barcelona). Se observa la típica división estructural en dos calles principales, una en dirección norte-sur (cardo) y otra este-oeste (decumano), que se cruzan en el foro (el centro ceremonial).


El legado de Roma en Hispania.

UN RESUM EN CATALÀ.
Els romans a les Balears.
Roma va crear un gran imperi que es va estendre per les terres d’Europa, Àsia i Àfrica costeres a la mar Mediterrània, a la qual anomenaren “Mare Nostrum”. Quan Roma va tenir dominades les terres continentals, també conquistà les illes Balears. La colònia púnica d’Eivissa era ja una ciutat confederada amb Roma després de la Segona Guerra Púnica, i l’any 123 aC el cònsol romà Quint Cecili Metel ocupà Mallorca i Menorca amb l’excusa que a les illes hi havia pirates que atacaven les seves naus. Els foners balears presentaren resistència a la invasió romana i es defensaren amb llurs fones, però els romans, més nombrosos i millor armats guanyaren la guerra.
Ocuparen Mallorca i just vora l’actual Alcúdia hi edificaren la ciutat de Pollentia (el seu nom significa ciutat potent, rica i poderosa). Construïren vies que són camins empedregats, situaren un destacament de soldats a la badia occidental de l’illa, construint-hi seguidament una ciutat que fou l’origen de l’actual ciutat de Palma. Construïren també ponts per travessar els torrents; encara està en bon estat un pont romà a Pollença. Altres nuclis urbans importants foren el de Mago (Maó) i Iammo (Ciutadella) a Menorca.
Varen venir del continent més de 3.000 colons per poblar i desenvolupar millor aquestes terres, així els resultà també més fàcil romanitzar-les. Anomenaren Baliar Maior l’illa més gran i Baliar Minor la més petita. Alguns historiadors diuen que la paraula Baliar procedeix d’un mot grec que significa tirar pedres, altres diuen que el nom procedeix de l’antiga llengua que aquí es parlava.
Introduïren els tres cultius estesos per ells a totes les terres de la Mediterrània, que varen ser el fonament de la seva riquesa i el seu comerç: el blat, l’olivera i la vinya. El comerç marítim va prendre gran importància, com ho demostren la gran quantitat d’àmfores, ceràmiques i altres objectes que s’han localitzat.
A Campos, al sud de Mallorca, s’han trobat restes de centuriacions de terrenys, que són quadriculacions fetes amb pedres, formant parets per ordenar i distingir la divisió de les terres. Tota la vida illenca es va fer romana: costums, lleis i llengua.
Les restes de Pollentia ens permeten conèixer aspectes fonamentals de l’estructura urbana. Fou una ciutat d’estil pròpiament romà, amb grans edificis oficials, temples, cases amb mosaics i pintures i un teatre. Altres nuclis urbans com Guium i Tuccis (Mallorca) no s’han trobat i Bocchoris era un nucli indígena que tenia condició de ciutat federada amb Roma.
L’antiga població indígena no va desaparèixer, continuaren vivint als poblats talaiotics però es varen romanitzar.
La crisi general que va sofrir l’Imperi des del segle III va afectar també a les Balears. Pollentia es va reduir en tamany i població. També es va introduir el cristianisme a les Illes, com demostren les restes trobades en necròpolis i basíliques paleocristianes. En definitiva, el procés de decadència es manifestà amb la desintegració de l’Imperi i l’ocupació de les Illes pels vàndals.

UD FUENTES.
Libros.
Bendala Galán, Manuel. La Antigüedad. De la Prehistoria a los visigodos. Col. ‘Introducción al Arte Español’. Sílex. Madrid. 1990. 276 pp.
Bermejo Barrera, J. C. Mitología y mitos de la Hispania prerromana. Akal. Madrid. 1986. 276 pp.
Artículos.

Fuentes. Tartessos.
Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Tartessos]
Documentales.
Serie Memoria de España, RTVE. [www.rtve.es/alacarta/videos/memoria-de-espana/]: Tarteso, reino legendario.
Tartesos. Serie Memoria de España. 60 minutos. Sobre la civilización tartesia y la colonización fenicia y griega.
Libros.
Alvar, Jaime; Blázquez, José María (eds.). Los enigmas de Tarteso. Cátedra. Madrid. 1993. 303 pp.
Artículos.
Aunión, J.A. La huella de Tartessos conduce a Doñana“El País” (6-V-2007) 60-61. La bruma de la bíblica `Tarshish’. “El País” (6-V-2007) 61.
Aunión, J. A. Un gran edificio de hace 2.500 años desvela los secretos de los tartesios. “El País” (8-X-2016). La construcción hallada en Turuñuelo, en la comarca de las Vegas del Guadiana (Badajoz), es la más grande y mejor conservada de las adscritas a Tartesos. Los propios habitantes destruyeron el edificio de culto hacia el 400 aC y lo cubrieron con arcilla para preservarlo del saqueo de los celtas, como hicieron a la vez en el resto de los lugares del Valle Medio del Guadiana, lo que sugiere que formaban parte de un mismo sistema político. Entre los restos destaca una misteriosa bañera de cal.

FuentesLos iberos.
Documentales.

Viaje al tiempo de los iberos. Documental. 40 minutos. Producción de la Diputación de Jaén.
Exposiciones.
*<Los Iberos, Príncipes de Occidente>. París. Grand Palais (15 octubre 1997-5 enero 1998). Barcelona. Centre Cultural “La Caixa” (29 enero-5 abril 1998). Bonn. Ausstellungshalle (15 mayo-23 agosto 1998). Cat. Textos de Aranegui, Carmen; Mohen, J. P.; Rouillard, P. 377 pp. Reseña de Gómez Espelosín, Francisco Javier. Los iberos. Príncipes de Occidente. “Historia”, National Geographic, nº 38 (2007) 42-53.
Libros.
AA.VV. Escultura Ibérica. “Revista de Arqueología”, Ma­drid (1988). 113 pp.
Almagro, Mar­tín. Arte Prehistórico. García Bellido, Anto­nio. Colonizaciones púnica y griega. El arte ibérico. El arte de las tribus célticas. v. I de Ars Hispaniae. Plus Ultra. Ma­drid. 1946. 369 pp.
Arribas, Antonio. Los iberos. Ayma. Barcelona. 1972. 242 pp.
Collado, Benjamín. Los íberos y su mundo. Akal. Madrid. 2014. 272 pp.
Tarradell, Miguel. Primeras culturas (47-196). En Tuñón de Lara, M.; et al. Historia de España. Vol. I. Introducción. Primeras culturas. Hispania Romana. Labor. Barcelona. 1980. 479 pp.
Artículos. Orden cronológico.
Schubart, Hermanfrid; Arteaga, Oswaldo. Fuente Álamo y la cultura de ‘El Argar’ (I) (II) (III). “Revista de Arqueología”, nº 24, 25 y 26 (1980) 17-27, 54-63, 56-63.
Gómez Espelosín, Francisco Javier. Los iberos. Príncipes de Occidente. “Historia”, National Geographic, nº 38 (2007) 42-53.
Antón, Jacinto. Nuevas evidencias en Cataluña de la ‘caza de cabezas’ de los iberos. “El País” Cataluña (6-XI-2012) 5.
Esquitino, Rubén. Una vasija especial en la trastienda. “El País” (3-I-2013) 43. Hallada una vasija ibera del siglo II aC, con un tema de la caza del jabalí.
Montañés, José Ángel. A la búsqueda de ‘Barkeno’. “El País” Cataluña (19-V-2014) 5. Una moneda ibérica del siglo III aC con el nombre de Barkeno prueba que hubo una población íbera anterior a Barcino, probablemente en Montjuïc, desde el siglo IV aC.

FuentesLos celtas y los celtíberos.
Libros.
Almagro, Mar­tín. Arte Prehistórico. García Bellido, Anto­nio. Colonizaciones púnica y griega. El arte ibérico. El arte de las tribus célticas. v. I de Ars Hispaniae. Plus Ultra. Ma­drid. 1946. 369 pp.

Artículos. Orden cronológico.

Fraguas, Rafael. Un ‘ribera del Duero’ de 25 siglos. “El País” (14-III-2017). Arqueólogos hallan sedimentos de uva negra de hace 2.500 años tratada para consumir por el pueblo vacceo en el yacimiento de Dessobriga, en Palencia.

Fuentes. Las primeras colonizaciones. Fenicios, púnicos y griegos en la Península Ibérica.
Libros.
Almagro, Mar­tín. Arte Prehistórico. García Bellido, Anto­nio. Colonizaciones púnica y griega. El arte ibérico. El arte de las tribus célticas. v. I de Ars Hispaniae. Plus Ultra. Ma­drid. 1946. 369 pp.
Avilés Fernández, Miguel; et al. Primeras colonizacionesEDAF. Madrid. 1979. 199 pp.
Boardman, John. Los griegos en ultramar. Comercio y expansión colonial antes de la Era Clásica. Alianza. Madrid. 1975. 277 pp.
Harden, Donald. Los feniciosPrólogo de Miguel Tarradell. Ayma. Barcelona. 1972 (1967 1ª español; 1962 1ª inglés). 345 pp.
Sanmartí-Grego, E. Ampurias. Cuadernos de Historia 16, 55. Madrid: Mavicam/SGEL. 1996.
Artículos. Orden cronológico.
Espinosa, Pedro. El primer Cádiz. “El País” (7-X-2007) 50. Excavaciones en Cádiz, Puerto de Santa María y Chiclana sobre los primeros asentamientos fenicios (siglo VIII ac).
Antón, Jacinto. La Troya de Murcia. “El País” (28-IX-2012) 36. Hallada una imponente fortificación de la Edad de Bronce en el yacimiento de La Bastida (Totana, Murcia). Su estilo denota influencia oriental, lo que sugiere que un pueblo proveniente del Mediterráneo oriental se estableció en la costa levantina h. 2400 aC.

Fuentes. La Hispania romana.
Documentales.
Serie Memoria de España, RTVE. [www.rtve.es/alacarta/videos/memoria-de-espana/]: Las potencias se disputan Iberia. / Hispania, un producto de Roma.
La Mora Encantada. La 2. Documental de 9 minutos. [https://www.youtube.com/watch?v=6ZfP-xVSe2I] Pascual, Carlos. Las cuevas de la piedra mágica. “El País” El Viajero 839 (28-XI-2014) 8. Visita a las ruinas de la ciudad romana de Segóbriga (Cuenca) y a la causa de su prosperidad, las cercanas minas de espejuelo (lapis specularis o yeso selenita), un yeso cristalizado que se usaba para las ventanas y la decoración. La mina más espectacular es La Mora Encantada.

Numancia. 40 minutos. Serie: El túnel del tiempo. Muy didácticas explicaciones del director, Alfredo Jimeno Martínez, del Plan Arqueológico de Numancia.

Libros.
Arce, Javier. España entre el mundo antiguo y el mundo medieval. Taurus. Madrid. 1988. 226 pp.
Blázquez, J. M.; et al. Vol. II. Hispania Romana. Cátedra. Madrid. 1978.
García Bellido, Antonio; et al. Conflictos y estructuras sociales en la España Antigua. Akal. Madrid. 1986. 167 pp.
Gracia Alonso, F. Roma, Cartago, Íberos y Celtíberos. Ariel. Barcelona. 2006.
Maluquer de Motes, Joan. Història de Catalunya (dir. Pierre Vilar). Tomo I. Prehistòria i Edat Antiga fins al segle IIIEdicions 62. Barcelona. 494 pp.
Montenegro, Ángel. Historia de EspañaEdad Antigua. Vol. I. España Prerromana. Gredos. Madrid. 1972. 615 pp.
Olcina Doménech, M.; Pérez Jiménez, R. La ciudad ibero-romana de Lucentum. MARQ y diputación de Alicante. Alicante. 2001.
Orfila Pons, Margarita; Cau Ontiveros, Miguel Ángel (coords.). Les ciutats romanes del llevant peninsular i les illes Balears, Pòrtic. Barcelona. 2004. 313 pp.
Pastor Muñoz, Mauricio. El Urbanismo y los Núcleos de Población en el Conventus Asturum durante el Imperio Romano. “Zephirus”, Salamanca, XXVI-XXVII (1976) 417-434.
Tarradell, Miguel. Primeras culturas (47-196). En Tuñón de Lara, M.; et al. Historia de España. Vol. I. Introducción. Primeras culturas. Hispania Romana. Labor. Barcelona. 1980. 479 pp.
Tuñón de Lara, M.; et al. Historia de España. Vol. I. Introducción. Primeras culturas. Hispania Romana. Labor. Barcelona. 1980. 479 pp.
Vigil, M. Edad Antigua. En Artola, M. (dir.). Historia de España Alfaguara. Vol. I. Alianza. Madrid. 1983. 470 pp.

Artículos. Orden cronológico.
Sánchez Albornoz, Claudio. Proceso de romanización de España desde los Escipiones hasta Augusto. “Anales de Historia Antigua y Medieval” II (1949).
Balil, A. Algunos aspectos del proceso de romanización de Cataluña. “Ampurias”, Barcelona, XVII-XVIII (1955-1956) 39-57.
Rubio de Miguel, Isabel. Economía Neolítica en la Península. Ibérica. “Revista de Arqueología”, Vol. VII, nº 60 (1986) 32-41.
Blanco Freijeiro, Antonio. Conferencia: La romanización de España. “Boletín Informativo”, Fundación Juan March, Madrid, 179 (IV-1988) 38-42.
Díaz, José Antonio. Iruña-Veleia. La sorprendente urbe romana del País Vasco“Clío. Revista de Historia”, v. 6, nº 64 (II-2007) 51-55.
Montañés, J. Á. La muralla de Barcino renace. “El País” Cataluña (29-VIII-2012) 1. El derribo de dos edificios hace aflorar 22 metros de la muralla romana del siglo III, con la torre 28 del recinto original de 76. 
Pérez, Mercè. De circo romano a desollador medieval. “El País” Cataluña (29-VIII-2012) 4. Excavaciones en el circo romano de Tarragona, uno de los mejor conservados del mundo. Construido en el siglo I, tenía 325 metros de largo y 115 de ancho, y podía albergar unas 20.000 personas.
Rivera, Alicia. Roma contra Cartago: arqueología de batalla. “El País” (17-III-2013) 44-45. Una investigación sobre la batalla de Baécula (208 aC). Se relaciona con Rivera, Alicia. Juan Pedro Bellón. ‘Seguimos el rastro de los romanos por sus tachuelas’. “El País” (8-VII-2013) 64.
Pontevedra, Silvia R. Descubierta una mina de oro romana. “El País” (21-III-2013). Una mina de los siglos I-III en Foz, sobre una enorme extensión de 150 hectáreas.
Montañés, J. Á. Asalto a la primera muralla de Barcino. “El País” (9-II-2014) 48. La ciudad resalta la primera muralla romana, del siglo I dC, en el interior de la muralla tardorromana del siglo III dC.
Nadal, Paco. Extremadura romana. “El País” El Viajero 818 (4-VII-2014) 4 pp. Un recorrido por los restos de la cultura romana en la región: en la ciudad de Cáparra su tetrápilo y termas; en Regina el teatro; en Medellín el teatro; en Mérida el puente, el teatro, el anfiteatro, el templo de Diana, el Museo de Arte Romano; en Alange las termas, en Alconétar el puente; en Alcántara el puente; en Baños de Montemayor la calzada y las termas; y en Coria las murallas.
Montañés, J. Á. Barcino descubre sus termas de mar. “El País” Cataluña (6-VIII-2014) 4. Se investigan las termas del siglo I d.C en una casa de la calle Regomir.
Toledo, Daniel. Cuando los romanos llegaron a Lisboa. “El País” (15-IX-2014). Las ruinas romanas de Lisboa (Olissipo): las galerías subterráneas en el barrio de Baixa, la casa de la Rua des Correeiros, el teatro y el foro (bajo la catedral).
Antón, Jacinto. El hombre que techó el imperio romano tenía conexiones catalanas. “El País” Cataluña (12-II-2015) 5. La arqueóloga Isabel Rodà estudia al fabricante de tejas Herennius Optatus, del siglo I dC.
Gómez, Lidia. Hallan en Murcia un busto del emperador Adriano. “El Mundo” (10-II-2015). El yacimiento de Los Yeclanos (Yecla) proporciona un excelente busto de Adriano y una cabeza probablemente de Venus.
Rodríguez, Marta. Sarrià de Ter, villa romana. “El País” Cataluña (25-II-2015) 5. El yacimiento de una villa vinatera en el Pla de l’Horta (Gironés) es muy extenso (8.000 m²) y duró del siglo I aC al V dC.
Montañés, J. Á. Barcino se mira en Roma. “El País” Cataluña (2-IV-2015) 1 y 5. Se abre al público la Domus Avinyó, una de las seis casas romanas de Barcelona. Guarda una pintura del siglo I dC.
Fraguas, Rafael. Palencia reescribe la historia de Roma. “El País” (18-VIII-2015). Hallazgo en Osorno de un oppidum de los vacceos destruido por los romanos en el 29 aC.
Mora, Antonio J. 600 kilos de monedas romanas descubiertas en Tomares (Sevilla). “El País” (28-IV-2016). Estaban guardadas en ánforas y muchas nunca fueron usadas, por lo que podría ser un depósito de la Administración romana entre los siglos III y IV.
Cañas, Jesús A. El yacimiento bajo el campo de trigo. “El País” (10-VII-2016). La vasta ciudad de Asta Regia, a 11 km de Jerez, permanece sin excavar, pese a que alberga restos de tartesios, fenicios, romanos y árabes.
Martín, Aurelio. El hallazgo de un sestercio cambia la edad del acueducto de Segovia. “El País” (31-X-2016). [http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/31/actualidad/1477929489_402129.html] La nueva datación apunta a que se inició entre el 112 y el 116, y no el 98 dC (la tesis apuntada por el filólogo alemán Geza Alföldy, basándose en un análisis epigráfico), por lo que su finalización correspondería mejor al gobierno de los últimos años de Trajano (emperador entre 98 y 117) y aun más probablemente de su sucesor, Adriano (117-138). Se basa en las excavaciones realizadas en 1998 por el arqueólogo Germán Prieto Vázquez. El descubrimiento fue presentado en el reciente encuentro Ciudades Romanas del Valle del Duero, celebrado en Segovia en octubre, por el director del Museo de Segovia, Santiago Martínez Caballero, el profesor de la UNED Víctor Manuel Cabañero Martín, y los arqueólogos Luciano Municio, Clara Martín García y José Miguel Labrador Vielva.
Rodríguez, Marta. Las Illes Formigues cobijan el pecio romano mejor conservado de Cataluña. “El País” (10-XI-2016). Una embarcación del siglo I dC que transportaba salsa de pescado. Es el cuarto pecio imperial en el Mediterráneo de barcos que transportaban garum: hay otro en Alicante y dos entre Cerdeña y Córcega.
Cia, Blanca. Octavia, una niña de Barcino encontrada en una obra. “El País” (23-XII-2016). Unas obras revelan enterramientos romanos en el barrio de la Ribera.
Dominguez, N. Hallado un barco de la antigua Roma que naufragó en Baleares hace 1.800 años. “El País” (27-I-2017). La nave portaba cientos de ánforas y se hundió cerca de la isla de Cabrera por razones desconocidas.
Agencia EFE. Hallada la galería de un gran edificio del Toledo romano. “El País” (10-II-2017). La construcción posee 30 metros de longitud y cuatro de anchura.
Agencias. Una ciudad romana a 70 centímetros bajo tierra en Guadalajara. “El País” (20-II-2017). El emplazamiento descubierto en el municipio alcarreño de Driebes posiblemente es la ciudad de Caraca y tuvo grandes dimensiones: cuenta con foro, termas y templo y data de época carpetana, de entre el IV aC y el II dC.
Carretero, Nacho. “¡Otra columna romana, aquí no hay quien cultive!”. “El País” (19-III-2017). Se confirma que Driebes (Guadalajara) es la antigua ciudad romana de Caraca, abandonada al parecer en el siglo II dC al agotarse sus minas.

Fuentes. Las Baleares en la época romana.
Libros.
Blanes, Coloma; et al. Les illes a les fonts clàssiques. Miquel Font. Palma de Mallorca. 1990. 141 pp.
Veny, Cristóbal. Aportaciones a la romanización de Mallorca según las fuentes epigráficas. En Mascaró Pasarius, J. Historia de Mallorca. Palma de Mallorca. 1978. Tomo II: 97-128.
Artículos. Orden cronológico.
Orfila, M; et al. Nuevas perspectivas en torno a la romanización de la isla de Mallorca: el mundo rural. “Mayurqa”, UIB, Palma de Mallorca, nº 23 (1996) 9-30.
Rodas, G. Visita a la primera Palma romana. “Diario de Mallorca” (11-VI-2014) 43. Se abre a las visitas el campamento romano de Son Espases, un yacimiento de 62.000 metros cuadrados. Se conoce la casa del cónsul, las zonas de tiendas de los legionarios, la calle principal y el depósito fundacional de ofrendas. Probablemente fue la primera ciudad de Palma, conocida como Palma la Vella durante siglos.