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jueves, 31 de octubre de 2013

El proceso de construcción de la Unión Europea.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA UNIÓN EUROPEA.

INTRODUCCIÓN.
Un resumen.
1. EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN.
1.1. ANTECEDENTES.
1.2. LAS PRIMERAS INSTITUCIONES.
1.3. LOS TRATA­DOS DE PARÍS DE 1957.
1.4. LAS AMPLIACIONES.
1.5. LA INSTITUCIONALIZACIÓN (1972-1996).
INSTITUCIONALIZACIÓN HASTA 1986.
ACTA ÚNICA EUROPEA (1985).
TRATADO DE LA UNIÓN EUROPEA. MAASTRICHT (1992).
1) Polí­tica interior:
Más democracia.
Más eficacia.
Más solidaridad.
2) Política exterior.
TRATADO DE ÁMSTERDAM (1997).
TRATADO DE NIZA (2000).
LA CONVENCIÓN EUROPEA.
LA ACTUALIDAD.
1.6. LOS RETOS DE LA UNIÓN EUROPEA.
LA DEMO­CRATI­ZA­CIÓN.
LA COHESIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA.
La política económica de la integración.
EL EURO.
La Unión Económica y Monetaria: el euro.
LA POLÍTI­CA EXTE­RIOR.
La política de defensa y seguridad.
LA AM­PLIACIÓN HA­CIA EL ESTE.
La ampliación.

INTRODUCCIÓN.


El estudio del proceso de construcción de la Unión Europea (UE), siempre inacabado, es útil porque es un fenómeno histórico de ex­traordinaria importancia, no sólo para nosotros, que formamos parte de ella, sino también para los pueblos de Europa y del mundo, por­que es el modelo más exito­so de la historia contemporánea de pro­gresi­va in­tegración entre Esta­dos distintos. El historiador Hugh Thomas la considera la “auténtica obra maestra de la política del siglo XX”.
Un resumen.
La UE tiene en 2011 una superficie de 4.324.782 km² y una po­blación de 511 millones de ha­bitantes, con una alta den­sidad de 114 hab./km². Realiza el 40% del co­mercio mun­dial y es el mayor mercado capi­talista y, junto a EE UU y Japón, uno de los tres grandes pila­res del mundo desa­rrollado.
Los Estados miembros más los candidatos en azul oscuro.

La UE es una organización europea regional, con volun­tad fede­ralista, pese a las reticencias de algunos países miem­bros. Las di­ficultades de la integración europea son evi­dentes, in­cluso contando con el em­puje del Tratado de Maas­tricht, como se mani­fiesta en la formación en el seno de la UE de un núcleo duro (Alemania, Francia, el Benelux) y de un anillo periféri­co de países, los pro­blemas de aplica­ción del tra­tado de Schengen (libre movimiento por las fronte­ras interio­res), las crisis mo­netarias, las críti­cas por la falta de democra­cia inter­na de las institu­ciones, las dificulta­des para abrirse a los países del Este, las resis­tencias del Reino Unido a la Eu­ropa Social, la falta de una verdadera Polí­tica Exterior y de Segu­ridad Co­mún (la ineficacia europea fren­te al conflicto yu­gosla­vo es la te­rrible prueba), las oleadas alternativas de euroes­cepti­cismo y de eu­roeuforia...
Pero aun así, puede considerarse un éxito en los cuatro úl­ti­mos dece­nios, con cua­tro amplia­cio­nes y unas mayo­res compe­tencias de las ins­titucio­nes comunes. Hoy continúa la fascina­ción por la UE, con nuevas integraciones, y la mayoría de los países del Este han soli­citado la adhesión jun­to a varios paí­ses mediterrá­neos. La causa, es que la UE ha con­tri­bui­do a que el últi­mo medio siglo haya sido el más lar­go pe­riodo de paz, democracia y progreso de la his­toria de Euro­pa y aparece como una garantía para el futuro.

1. EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN.
1.1. ANTECEDENTES.
La Historia de Europa registra numerosos intentos de unión: el Imperio Romano Germánico durante la Edad Media y has­ta Carlos V, Napoleón y su Imperio, junto con el desarrollo de teorías sobre unas instituciones comunes que garantizaran la estabilidad de las fronteras y la paz. Victor Hugo escribía en 1849 que un día todas las naciones del continente *se fundirán en una unidad europea, construyendo la fraternidad europea+.
En el s. XIX hubo antecedentes monetarios. Una unión mone­taria, basada en la paridad de las monedas de oro respectivas, fue la Unión Monetaria Latina, formada por Francia y Bélgica en 1830, a la que se unieron Suiza (1848), Italia (1861), Grecia y Bulgaria (1867), y, de hecho, Reino Unido y Alemania. La Prime­ra Guerra Mundial acabó con la UML. La Unión Monetaria Escandi­nava (Suecia, Dinamarca, Noruega) existió entre 1870 y 1924. Bélgica y Luxemburgo mantienen una unión monetaria desde 1921.
La Sociedad de las Na­ciones y la experiencia de la I Gue­rra Mun­dial y, sobre todo, la de la II Guerra Mundial, alenta­ron las ideas europeístas.
1.2. LAS PRIMERAS INSTITUCIONES.
Los procesos de unión del Benelux (1948, con Holanda, Bél­gica y Luxemburgo) y de los países escandi­navos, tras la II Guerra Mundial, crearon precedentes institu­cionales y un núcleo de teóricos y políticos favorables a los procesos unitarios.
El Plan Marshall (del secretario de Estado norteamerica­no), anunciado en junio de 1947, fue un vasto plan de ayuda económi­ca por los EE UU a la Eu­ropa Occidental, que le permitió supe­rar la tre­menda crisis de la posguerra. Europa (salvo Espa­ña y Finlandia, además de los países socialistas) recibió 14.000 millones de dólares y se salvó de la amenaza comunista. Se creó entonces la Organización Europea de Cooperación Eco­nó­mica (OE­CE), encar­gada de distribuir la ayuda entre los 16 paí­ses euro­peos inscritos en el Plan, y que marcó el comienzo de la coopera­ción europea.
Pronto creció entre la opinión pública y los políticos la necesidad de que en Europa se produ­jera la integra­ción económi­ca en un mercado único y una mayor colaboración políti­ca, a fin de evitar la repetición de las guerras, desarrollar la economía y la sociedad, y que una Europa unida compitiera mejor entre las superpotencias de EE UU y la URSS.
Pronto comenzaron los primeros pasos.
El Consejo de Europa se creó en Londres (5-V-1949), con la participación de Gran Bretaña, Italia, Francia y Bélgica. Era una institución de diálogo y cooperación política, que a lo  largo de los años ha reunido a todas las democracias del conti­nente y ha constituido un eficaz foro.
La Co­munidad Europea para el Carbón y el Ace­ro (CE­CA) fue funda­da en el Tratado de Pa­rís (18-IV-1951), con los seis paí­ses (Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo) que lanzarían el Mercado Común más tarde, auspiciada por los “pa­dres de Europa” (Monnet, Schu­mann, De Gasperi, Ade­nauer, Spaak...). La idea surgió el 9-V-1950, cuando el ministro fran­cés de Asun­tos Exte­riores, Robert Schuman, pronunció un discur­so, inspira­do por el alto funciona­rio Jean Monnet, proponiendo un plan de unión de los re­cursos de carbón y acero de Francia y Ale­ma­nia, en una organi­zación abierta a otros países europeos. Kon­rad Ade­nauer (1876-1967), canciller alemán (de la RFA) tras la II Gue­rra Mun­dial, promo­vió la idea con entusiasmo, en parte por­que le permitía romper el aislamiento de la derrotada Alema­nia. La CECA fue el máximo impulsor de la in­tegración eco­nómi­ca, política y militar de la Europa destruida tras la gue­rra. Los resultados económicos fueron tan excelentes que se potenció el siguiente gran paso hacia una unión más estrecha.
Pero antes se sufrieron va­rios varapalos, siempre por cau­sa del nacionalismo. Por ejem­plo, la Asamblea francesa rechazó (30-VIII-1954) el pro­yec­to de la Comuni­dad Europea de Defen­sa (CED), y Gran Bretaña se abstuvo de entrar en la anunciada CEE.
Se comenzó a negociar hacia 1955, cuando los ministros de Exte­riores de los Seis acordaron en Mesina (1-VI-1955) encargar un informe para crear una unión económica y nuclear.
1.3. LOS TRATA­DOS DE PARÍS DE 1957.
La unión europea fue im­pulsa­da decisiva­mente por los Tra­ta­dos de Roma (25-III-1957), que es­table­cían la vo­lun­tad de seis Es­tados (Ale­mania Fe­deral, Fran­cia, Italia, Holanda, Bél­gica y Luxemburgo) para crear entre ellos la Comunidad Econó­mica Eu­ropea (CEE) y la Comunidad Europea de Energía Ató­mica (EURATOM). Su fin era la integración europea para evitar nuevas guerras y desarrollar la economía. Los Tratados de Roma entra­ron en vigor el 5-I-1958. Sus efectos fueron espectaculares: el comercio intracomunitario se multiplicó por seis entre 1958 y 1970, mientras que lo hacía por tres al resto del mundo; el PIB aumentó un 70%, en una era de prosperidad indudablemente aso­ciada a la CEE y que concitó el interés de organizaciones de otros continentes por imitar el modelo, y de varios de los paí­ses de la EFTA por entrar en la CEE.
La CEE era un Mercado Co­mún, un espa­cio euro­peo sin fron­te­ras inte­rio­res, en el que pudieran circu­lar li­bremen­te las per­so­nas, las mercan­cías, los servicios y los ca­pitales, y que negociara con los otros paí­ses. Era un sistema original: ni federación ni simple cooperación entre Estados. Se creaban unas instituciones comunes: Parlamento Europeo, Consejo, Comisión y Tribunal de Justicia. Se coordinaban unas políticas comunes: Agricultura (PAC), Unión Aduanera, Política comercial, Trans­porte y Libre competencia. Para financiar lo anterior se desa­rrolló un Presupuesto Común y para regularlo se promulgó un Derecho propio.
La EURATOM creó un mercado común de la energía atómica: los materiales, las tecno­logías...
El Reino Unido, aunque participó en las primeras negocia­ciones, se había negado a entrar en la CEE debido a sus reti­cencias a una futura Europa federal. Para no quedarse aislada promovió la creación (4-I-1960) de la Asociación Europea del Libre Comercio (EFTA), in­tegrada por Reino Unido, Suecia, No­ruega, Dinamarca, Suiza, Austria y Portugal. Era un acuerdo limitado al libre comercio, sin políticas comunes, sin una vo­luntad política de integración, por lo que fracasó a la larga.
1.4. LAS AMPLIACIONES.
A par­tir de esos inicios, la extensión de la Europa unida no ha cesado de aumentar, con la incorporación de nuevos miem­bros, en cinco ampliaciones: 1973, 1981, 1986, 1990 y 1995. Las condiciones eran dos: ser países europeos, ser democracias.
1973: Dina­mar­ca, Irlanda y Reino Unido entraron el 1-I. Fue la más de­cisiva, porque superaba la rígida estrucrura ini­cial y abría el camino hacia otras ampliaciones. La ampliación se ha­bía atrasa­do por el veto de De Gaulle (27-XI-1967) a la en­trada del Reino Uni­do, aunque Pompidou lo levantó (La Haya1 a 2-XII-1969). Noruega rechazó en un referéndum (1972) la en­trada.
1981: Gre­cia.
1986: España y Portugal (firmaron el Tratado de adhe­sión el 12-VI-1985, que fue efectivo el 1-1-1986).
1990: la RDA se integró en Alemania (una adhesión encu­bierta a través de un Estado miembro), tras la caída del Muro de Berlín en 1989.
1995: la ampliación con Aus­tria, Fin­landia y Sue­cia, tras los re­feréndums (1994) en estos países, aunque Noruega lo rechazó en el último momento, por segunda vez. Suiza lo había rechazado en otro referéndum en 1992. En este momento integran la organización: Alemania, Fran­cia, Ita­lia,­ Paí­ses Bajos, Bél­gica, Lu­xem­burgo, Dina­mar­ca, Ir­landa, Reino Unido, Gre­cia, España, Portu­gal, Aus­tria, Fin­landia y Sue­cia.
2005: Polonia, Chequia, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Lituania, Letonia, Estonia, Chipre y Malta.
2007: Rumanía y Bulga­ria. Turquía aparece como candidato a largo plazo.
2013: Croacia.
Hay un acuerdo de libre comercio con el Espacio Económico Europeo (1992), integrado por algunos países que quedaban de la EFTA (No­ruega, Islandia, Liechtenstein), salvo Suiza, que votó en contra. De hecho es una antesala de integración o un varade­ro para países que no tienen consenso interior para entrar en la UE.
1.5. LA INSTITUCIONALIZACIÓN (1972-1996).
INSTITUCIONALIZACIÓN HASTA 1986.
Durante los primeros tres decenios, se impulsa­ron las ins­titu­cio­nes comunita­rias y con la am­pliación de sus compe­ten­cias y políti­cas comu­nes (a­graria, co­mercial, so­cial, regional, pro­gramas estructurales de solidaridad, re­laciones internacio­na­les, etc.). Se armoni­zaron le­gisla­cio­nes, se reco­nocieron mu­tua­mente normas, títu­los y sistemas de con­trol, se supri­mieron muchos aranceles y contin­gentes interio­res, en una enor­me tarea polí­tica y legis­lativa.
No fue un proceso rectilíneo: el nacionalismo, los intere­ses encontrados, la ausencia de mecanismos para superar por mayoría los desacuerdos, etc., explican algunas crisis, la ma­yor de las cuales fue la de las “sillas vacías”: Francia se retiró (1-VII-1965) del Consejo de Ministros por un desacuerdo sobre la PAC, hasta que se aceptó en el Compromiso de Luxembur­go (28 a 30-I-1966) el principio de unanimidad para *los inte­reses muy importantes+.
Otras ve­ces los Estados han amena­zado con el poder de veto para alcan­zar sus pretensiones. Pero, en defi­nitiva, siempre se han en­con­trado fórmulas de compromi­so, por­que los intereses comunes eran muy superiores a las dis­crepan­cias.
Entre los avances institucionales destaquemos:
En 1963 comienza el papel internacional de la CEE, al fir­mar en Yaundé (Camerún) (20-VII-1963) un tratado de comercio y cooperación con las antiguas colonias europeas.
En 1967 entró en vigor un tratado que fusionaba los ejecu­tivos de las tres Comunidades (CECA, CEE y EURATOM), con un Consejo y una Comisión únicas, lo que abrió el camino a la Co­munidad Europea (CE).
En 1968 se aprobaba la Unión Aduanera (1-VII-1968): se su­primían los últimos aranceles interiores y se aprobaba un Aran­cel Común (AC) para el comercio exterior fuera de los Seis.
En 1972 se crea la Unión Monetaria (24-IV-1972), llamada “serpiente monetaria”: se limitan a un 2,25% los márgenes de fluctuación de sus monedas frente al dólar. Hubo que reformarla varias veces, por las crisis financieras de los años 70.
En 1974 se crea el Consejo Europeo (9 a 10-XII-1974). Los nueve jefes de Estado y de gobierno deciden reunirse dos veces al año y proponen elegir un Parlamento Europeo por sufragio universal. A partir del 1-I-1975 cada Estado miembro ejercerá la presidencia por rotación.
En 1975 se crea la Conferencia sobre Cooperación y Seguri­dad Europea (CSCE), en el acuerdo de Helsinki (1-VIII-1975), que regula un foro de diálogo sobre la paz y los derechos huma­nos entre los países europeos (in­clui­dos los de la CEE), más la URSS, EE UU y Canadá.
En 1979 se creaba el Sistema Monetario Europeo (13-III-1979), que refor­maba la Unión Monetaria y sustituía la “ser­pien­te”: no entraban todos los países de la CEE, porque el Rei­no Unido se negaba (más tarde entró y salió, como otros paí­ses). Se creó una mone­da de cuenta europea, el ecu, a partir de un “ces­to” de las mone­das europeas. El nuevo sistema demostró ser más fle­xi­ble y efi­caz, y estabilizó las paridades de las coti­zacio­nes, salvo en al­gu­nas grandes crisis internacionales en que se rea­justa­ron.
En 1979 se elegía el pri­mer Par­lamento Europeo por sufra­gio universal (elecciones 7 y 10-VI-1979). Antes, cada parla­mento nacional enviaba sus representantes al europeo.
Los dos grandes pasos pos­teriores en la institucionaliza­ción han sido el Acta Única Euro­pea de 1986 y el Tratado de la Unión Europea de Maas­tricht de 1992. El primero fue una reforma sobre todo comercial (el mercado interior para 1993) y el se­gundo sobre todo política y económica (ciudadanía europea, unión económica y monetaria para 1999).     
Estos avances fueron favo­recidos por el lide­razgo del di­rigente europeo más conocido de los últimos años: el francés Jacques Delors, cuyos dos man­datos como presi­dente de la Comi­sión dura­ron desde 7-I-1985 hasta 1995, cuando fue sustituido por el luxemburgués Jacques Santer. Otros destacados euro­peís­tas en los años 80 y 90 han sido el canciller alemán Helmut Kohl (que ansiaba integrar a Alema­nia en un gran proyec­to euro­peo y dejar atrás el recuerdo de pangermanismo), el presidente francés François Mitterrand (con un proyecto federal de Europa) y el presidente del gobierno es­pa­ñol Felipe Gon­zález (que veía en el proyecto europeo la pa­lanca para la mo­dernización españo­la). En cam­bio, se de­bió su­frir la oposi­ción de la prime­ra mi­nistra britá­nica Mar­ga­ret Thatcher, cuyo nacionalismo fre­nó importantes refor­mas económicas y so­ciales.
ACTA ÚNICA EUROPEA (1985).
El Acta Única fue la revisión del Tratado fundacional de Roma. Se acordó por el Consejo Europeo (28 a 29-VI-1985) y des­de su vigencia (1-VII-1987) supuso un avance cua­lita­tivo sobre las ante­riores polí­ticas, abriendo la vía a la unión política, económi­ca y moneta­ria, al desa­rro­llar importan­tes medi­das polí­ti­cas, econó­micas y socia­les:
Mercado interior sin fronteras para 1-I-1993. Fue la reforma fundamental, y las otras fueron instrumentales para que esta se lograra.
- Más voto por mayoría, lo que agilizó la toma de deci­sio­nes por el Consejo.
- Más poderes para el Parlamento Europeo.
- Más políticas comunitarias (Medio Ambiente, I+D).
- Más política monetaria común.
- Más recursos económicos (se duplicaron) procedentes de los fondos estructurales para las regiones menos desarrolladas.
- Más política exte­rior coordinada.
TRATADO DE LA UNIÓN EUROPEA. MAASTRICHT (1992).
El Tratado de Unión Europea, de Maastricht (aprobado 10-XII-1991, firmado 7-II-1992, vigente 1-XI-1993) fue un paso político trascen­dental, al transformar la Comunidad Europea en la Unión Europea, con gran­des avan­ces fe­de­ralistas (ciudada­nía europea, Banco Central europeo, moneda única, con­vergencia eco­nómica), que hacen pre­ver unos verdade­ros Estados Uni­dos de Europa en un razonable plazo. El Tratado de Maastricht suponía una transfe­rencia par­cial de so­be­ra­nía, que levantaba recelos y, así, Di­na­marca lo re­chazó en referéndum (2-VI-1992), por lo que el Consejo Europeo hizo varias enmiendas de flexibilidad, que sí fueron acepta­das en otro referéndum danés (18-V-1993).
Se avan­zaba ha­cia una Unión Europea en dos ámbi­tos: Unión Polí­tica (UP), Unión Eco­nómica y Monetaria (UEM). Los fines que per­sigue el Trata­do son: más demo­cracia, más efi­cacia y más soli­daridad. Se estableció que en 1996 habría una nueva con­fe­rencia intergu­berna­mental (Ámsterdam) para aña­dir nuevas com­petencias comuni­tarias y reforzar los poderes del Parlamento Europeo.
En 1993 el gran mercado interno ya funciona­ba completamen­te, con la libertad de movimiento de mercancías, servicios y ca­pi­ta­les. En 1994 se creó el Instituto Monetario Europeo, fu­turo Banco Central Europeo (1999).
1) Polí­tica interior:
Más democracia.
Se refuerza la Unión Política mediante:
- Principio de ciudadanía de la Unión Europea: con derecho de libre resi­den­cia en toda la UE, de voto y ele­gibili­dad a nivel mu­nici­pal y europeo, protección diplomática, derecho de petición, creación de un Defensor del Pueblo de la UE.
- Aumento del control democrático con un mayor poder para el Parla­mento Euro­peo: po­testad de sus­pen­sión de di­rectivas, dis­posi­ciones y re­glamentos del Con­sejo Europeo.
Principio de subsi­diariedad, por el cual la Unión Eu­ro­pea sólo interviene en aquellas tareas que puede realizar con mayor eficacia que los Esta­dos miembros por se­para­do.
- Creación del Comité de las Regiones, con carácter con­sultivo. En él se tienen en cuenta los intereses de las distin­tas regiones y entidades locales de la UE.
Más eficacia.
- El Consejo de la Unión Europea decide por mayoría, re­servando la unanimidad en materias especialmente sensibles.
La Unión Europea se carga de valor político con nuevas compe­tencias en ámbitos no exclusivamente económicos: educa­ción, sanidad, cultura, pro­tec­ción de los con­sumidores, lucha contra la droga y el terrorismo, cooperación al desarrollo, ju­ventud, turis­mo, ener­gía, protec­ción ci­vil, forma­ción pro­fesio­nal, las redes transeuropeas de transpor­tes, comuni­cacio­nes y ener­gía, Cohesión Económi­ca y So­cial, refuerzo de fondos es­tructu­rales, creación del Fondo de Cohesión.
- Hacia una Unión Económica y Monetaria (UEM): Estableci­miento de una moneda única (antes ecu, ahora euro) y un Ban­co Cen­tral Europeo, sin li­mita­cio­nes a los intercam­bios fi­nan­cie­ros entre los bancos pri­va­dos. Este proceso de unión económica y moneta­ria se secuen­cia en tres fases: 1992, 1997 y 1999 (que fue el año final­men­te elegido para la moneda única). Se esta­ble­cen pasos ha­cia una Bolsa Euro­pea. El 1 de ene­ro de 1993 se aplicó fi­nal­mente el Mercado Único y de­sa­parecie­ron las aduanas inte­rio­res. Se establece el principio de que la Unión Económica y Moneta­ria fomentará una economía más próspera a través de un mayor creci­miento sostenido, que permitirá una mayor creación de empleo.
De este modo se establece una Comunidad Económica Europea (CEE) basada en: - Unión Aduanera. - Mercado Único: libre cir­culación de personas, mercancías, servicios y capitales. - Po­líticas comunitarias: Política Agrícola Común (PAC), Política Comercial, Libre Competencia, Transportes, Medio Ambiente, In­vestigación y Desarrollo (I+D).
- En la política de Justicia e Interior: - Normas comunes para el tránsito de personas por las fronteras exteriores. - Política de inmigración. - Lucha contra las toxicomanías. - Cooperación judicial en materia civil. - Cooperación judicial en materia penal. - Cooperación aduanera. - Lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. - Se crea la Oficina Europea de Policía (EUROPOL).
Más solidaridad.
- Incorpora una clara dimensión social. Mayor protec­ción social y mayores derechos para sus trabajadores.
- Refuerza la cohesión económica y social entre las regio­nes y los Estados miembros. Crea un Fondo de Cohesión para Es­paña, Portugal, Irlanda y Grecia.
2) Política exterior.
- Crea una política exterior y de se­gu­ri­dad común: una sola voz para Europa en el mundo. Europa refuerza su seguridad y camina progresivamente hacia una Defensa común en el futuro, a partir de la Unión Europea Occidental (UEO). Los objetivos son: Defensa de los valores comunes e independencia de la UE, Mantenimiento de la paz y la seguridad, Fortalecimiento e la seguridad de la UE, Fomento de la cooperación internacional, Consolidación de la democracia. Los medios son acciones comu­nes y el refuerzo institucional (Comisión, trío de ministros de Asun­tos Exteriores, unidades militares mixtas europeas...).
- Fortalece su política de cooperación al desarrollo (la UE es el mayor colaborador del mundo, con un 54% de la ayuda internacional, seguido de EE UU con el 32% en 1996).
TRATADO DE ÁMSTERDAM (1997).
El Tra­tado de Ámsterdam (15-VI-1997, la prime­ra Con­feren­cia Insti­tucional), consistió en una tibia pro­pues­ta de ins­ti­tu­cio­nali­zación de la UE, remarcando la subsidiariedad.
En el Tratado de Unión Europea, de Maastricht (7-II-1992) estableció que en 1996 habría una nueva con­fe­rencia intergu­berna­mental, con sede en Ámsterdam, para aña­dir nuevas com­petencias comuni­tarias y reforzar los poderes del Parlamento Europeo.
En realidad, el proceso negociador fue un relativo fracaso, de modo que el Tra­tado de Ámsterdam (aprobado el 16 y 17-VI-1997 en la prime­ra Con­feren­cia Insti­tucional y firmado en octubre de 1997, en vigor desde el 1 de mayo de 1999 tras la lenta ratificación de los Estados miembros­), sexto desde la constitución de la unión europea en 1956,  consistió en una pequeña reforma del Tratado de Maastricht, en el sentido de una tibia pro­pues­ta de ins­ti­tu­cio­nali­zación de la UE, remarcando el principio de subsidiariedad, que establecía a grosso modo que las instituciones comunitarias no debían ser competentes en lo que pudieran hacer con más eficacia las instituciones nacionales, regionales y locales; se hizo un capítulo sobre el empleo, se reguló la ciudadanía europea y se reguló más estrictamente el derecho de asilo.
En realidad era un compromiso urdido por Alemania y Francia entre las posiciones más europeístas (España, Portugal, Italia, Grecia, Irlanda) y las más euroescépticas (Gran Bretaña, Dinamarca, Suecia), de modo que los países menos federalistas pudieran rechazar la entrega de competencias a la Comisión Europea y las demás instituciones paneuropeas. Así, no hubo acuerdo ni sobre la reforma de las instituciones, que era la finalidad esencial del proceso negociador de Ámsterdam, y se postergó el acuerdo sobre la ampliación al Este.
En el terreno de los principios se aprobó que los grandes retos de la UE son: conseguir una mayor esta­bilidad y democracia política, alcanzar una mayor prosperi­dad y cohesión econó­mica y so­cial, asentar su política de defensa y seguridad exterior, lograr la ampliación ha­cia los confi­nes euro­peos.
En lo jurídico se replantearon las competencias de la Comisión Europea, del Consejo Europeo y del Consejo de Ministros. Se transfirieron competencias más bien simbólicas de control al Parlamento Europeo, de modo que se redujera mínimamente el llamado déficit democrático de la UE; entre aquéllas destaca que el Parlamento podía votar decisoriamente la elección del presidente de la Comisión. Lo único destacable sectorialmente fueron los tímidos avances en la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC­), que consistió fundamentalmente en la posibilidad de utilización de mayoría cualificada para determinadas decisiones. Apuntemos cinco aspectos:
1) El proceso de decisión que exigía votaciones por unanimidad será ahora algo menos  vinculante. En lo sucesivo las abstenciones no impedirán la aprobación de decisiones (sistema de abstención constructiva: lo Estados que se abstienen no están obligados a aplicar la decisión, pero no harán nada para impedirlo) si el número de votos favorables es suficiente (representando una población suficiente los 2/3 de los Estados). Las “acciones comunes” serán decididas por el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores por mayoría cualificada. Sin embargo, cada Estado  miembro seguirá disponiendo del derecho de veto por razones que deberá exponer. Las decisiones que impliquen acciones militares exigirán siempre la aprobación por unanimidad.
2) La presidencia semestral representará a la UE en el exterior, aunque el secretario general del Consejo ejercerá las funciones de alto representante para la PESC. Podrán nombrarse “representantes especiales” para tareas específicas (el diplomático español Moratinos fue nombrado de este modo representante de la UE para Palestina).
3) Se creará la “unidad de planificación de la política y de alerta rápida”, bajo la responsabilidad del secretario general del Consejo, con la tarea de analizar cualquier cuestión de la PESC y presentar las opciones de decisiones a tomar.
4) “Las misiones humanitarias y de evacuación, las misiones de mantenimiento de paz, y las misiones de las fuerzas de combate para la gestión de las crisis, incluidas las misiones de restablecimiento de la paz” se inscriben en las competencias de la PESC.
5) Se recoge casi exactamente la formulación del Tratado de Maastricht sobre la defensa, que establece que “la PESC incluye el conjunto de cuestiones relativas a la seguridad de la Unión, incluyendo la definición progresiva de una política común de defensa (...) que podría llevar finalmente a una defensa común...”, a lo que el Tratado de Ámsterdam añade: “(...) si es que el Consejo Europeo así lo decide.” Esto implica que no será necesaria una revisión del Tratado para crear una defensa común, bastando para ello una simple decisión de los Jefes de Estado y de Gobierno.
Asimismo, en Ámsterdam se firmó el 15-VI-1997 el Pacto de Estabilidad y Crecimiento,  que suponía de facto la parte económica del Tratado, como una separata, estableciéndose duras multas a los países miembros del euro que se salten el tope máximo de déficit público a partir de 1999. A cambio, los Quince se comprometieron a luchar contra el paro, aunque España sólo aceptó unos laxos objetivos. Además, se perfiló el marco jurídico de utilización del euro, el principio de  continuidad de los contratos y se aprobaron las futuras monedas acuñadas en euros.
TRATADO DE NIZA (2000).
El 11 de diciembre de 2000 se aprobó en una cumbre el Tratado de Niza.
A Se establece un nuevo reparto de poder en las instituciones, teniendo en cuenta la previsible ampliación al Este en 2004-2006, al pasar de 15 a 27 Estados:
- Se amplían los votos en el Consejo de Ministros, hasta un total de 345, manteniéndose la igualdad entre los grandes, con un reparto de 29 (antes 10) votos para Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia; 27 para España y Polonia; 14 para Rumanía; etc., hasta 3 Malta. El resultado favorece a los países más poblados, que padecen un menor desequilibrio que antes. España pasa de 8 a 27, con lo que es el país más beneficiado en este apartado.
A Se establecen, aparte del anterior, de mayoría de votos del Consejo de Ministros, dos nuevos quórums de bloqueo: primero, una mayoría simple de estados;  y segundo, la “cláusula de verificación demográfica”, una minoría del 38% de la población, lo que favorece a Alemania, el país más poblado (17,05% de la población de la UE), aunque ésta no consiguió más votos que los otros grandes, como proponía en primer término.
- Se aumenta el número de eurodiputados en el Parlamento Europeo, de 700 antes a 732 ahora, con 99 para Alemania, 72 Gran Bretaña, Francia e Italia, 50 España y Polonia, 33 Rumanía, etc., hasta los 5 de Malta.
A Se reduce el número de temas que pueden ser vetados por un Estado, hasta unos 20. Se establecen así mayorías cualificadas en temas como la elección del presidente de la Comisión y el míster PESC, en cohesión, comercio exterior, justicia e interior, materia social, etc.
A Se establecen “cooperaciones reforzadas”, para garantizar que varios países puedan avanzar en determinados temas, aunque otros bloqueen o veten las propuestas. Es la Europa de “varias velocidades”, como ya ocurrió con el euro o el espacio Schengen de eliminación de fronteras.
A Queda pendiente una reforma profunda de la Comisión Europea, habiéndose aprobado que cada país tenga un comisario nacional, hasta un máximo de 27, aunque los países “grandes” se reservan las carteras más importantes. Por ello, se convocó en el 2004 una nueva cumbre, para reformar las instituciones, y establecer las respectivas competencias de la UE, los países y las regiones.
A Se aprueba la Carta de Derechos, aunque no se incluye en el Tratado, por lo que no se valora como parte de una futura Constitución.
LA CONVENCIÓN EUROPEA (2003).
En 2003 la Convención Europea, después de años de trabajos, aprobó una propuesta de Constitución de Europa para un posterior consenso entre los Estados, para adaptar la UE a la ampliación a 25 Estados que se produjo en 2005. Los puntos fundamentales serían:
A Presidente del Consejo Europeo.
A Ministro europeo de Asuntos Exteriores.
A Fronteras inviolables.
A Cláusula de solidaridad.
A Núcleo de Defensa, con un grupo aparte de países.
A Cláusula de salida, después de negociación.
A Fórmula de voto: mayoría del 60% de la población.
A Recorte al veto: aumentan de 34 a 70 el número de temas sin veto. Persiste el veto en política exterior, fiscalidad y seguridad social.
A Comisión restringida: 14 comisarios, con rotación igualitaria entre todos los Estados.
LA ACTUALIDAD.
En 2012 hay 27 Estados en la UE y en julio de 2013 se integrará Croacia.
Debido a la presión de la crisis económica desencadenada en 2008, el 9-XII-2011 se aprobó, sin Gran Bretaña, una reforma fundamental para reforzar el euro y la política económica común, con un control presupuestario para evitar los déficits excesivos, que implicarían sanciones automáticas.

1.6. LOS RETOS DE LA UNIÓN EUROPEA.
Los grandes retos de la UE son: conseguir una mayor esta­bilidad y democracia política, alcanzar una mayor prosperi­dad y cohesión econó­mica y so­cial, asentar su política de defensa y seguridad exterior, lograr la ampliación ha­cia los confi­nes euro­peos.  
LA DEMO­CRATI­ZA­CIÓN.
Conseguir una mayor estabilidad y democracia política es com­plicado por las diferencias en­tre los Esta­dos miembros y la compleja expansión hacia el Este y el Medite­rrá­neo.
Un gran pro­blema de futuro de la UE es el déficit democrá­tico: los órganos de gobierno comunitario no gozan de una sufi­ciente par­ticipación directa de los ciudadanos europeos. Es una demo­cracia excesivamente indirecta y distante.
Una prueba de que el control democrático se abre paso en la UE fue la dimisión en bloque de la Comisión Europea, presidida por Jacques Santer, el 16 de marzo de 1999, por las acusaciones de corrupción, negligencia, nepotismo, etc., sobre varios de los comisarios.
LA COHESIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA.
Alcanzar una mayor prosperi­dad econó­mica y so­cial es difí­cil en un mundo en vertigi­noso cam­bio eco­nómi­co, con una redis­tri­bución de la di­visión de tra­bajo inter­na­cional, con un paro estructural muy elevado. La UE dobló su desempleo entre 1980 y 1996, desde el 5% al 10%, y en la crisis iniciada en 2008 ha vuelto a doblar el paro hasta alcanzar el 12%.
La política económica de la integración.
Los países que se integran en la UE o, ya dentro de ella, en el euro, se caracterizan por desarrollar una política econó­mica ortodo­xa:
- Privatización de las empresas públicas y liberalización de los mercados protegidos.
- Control de la inflación.
- Recorte del gasto público.
EL EURO.
La Unión Económica y Monetaria: el euro.
La Unión Monetaria su­frió las turbulencias financieras de los años 90 y se ha rela­jado, dentro del duro proceso de con­vergen­cia a la moneda úni­ca en 1999.
La Unión Económica y Monetaria (UEM), en principio suscri­ta por 11 países, logró que en enero del 2002 hubiera una mo­neda úni­ca, el euro. Los países participantes tuvieron que man­tener una política eco­nómica de sostenibilidad de los criterios de con­vergencia en inflación, tipos de interés, déficit públi­co, deu­da pública y tipo de cambio. En 1999 los países fijaron su pa­ridad respecto al euro y en el 2002 se sustituyeron sus monedas. Por contra, Gran Bretaña, Dinamarca y Suecia no se han integrado en el euro.
En la “cumbre del euro”, celebrada en Bruselas el 1 a 3-V-1998, se aprobaron oficialmente la lista de socios, la com­posición de las ins­tituciones, el Co­mité Ejecutivo del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SBCE) y el Banco Central Europeo (BCE) y la paridad de las monedas con el euro.
El calendario fue:
1 junio 1998: constitución en Frankfort del Banco Central Europeo (BCE), que gestionará la política monetaria europea desde el 1 enero 1999.
31 diciembre 1998: se acuerda la paridad de cambio del euro respecto a las monedas nacionales.
1 enero 1999: el euro se convierte en la moneda única de 11 países de la primera ronda de la UEM. Los ciudadanos podrán abrir cuentas y hacer pagos y cobros en euros, pero de facto seguirán utilizando las monedas nacionales.
1 enero 2002: la moneda del euro comienza a ser utilizada materialmente, en combinación con las nacionales, que serán reti­radas de circulación.
1 julio 2002: el euro es la única moneda legal.
El euro introduce problemas: la diversidad de las estruc­turas económicas, socia­les y jurídicas de los países de la UE supone res­puestas diver­sas a las cíclicas crisis económicas, mientras que los ajustes ya no podrán hacerse mediante devalua­ciones competitivas, sino con ajustes en el empleo, los sala­rios, el gasto social... Por ejemplo, Portugal depende en un 70% del petróleo y la media europea es sólo del 40%, con lo que una crisis petro­lífera recaería más sobre ese país. )La solución? Una mayor integración de la polí­tica institucional y económica, un verda­dero gobierno federal europeo, que redistribuya los recursos y que tenga poder político y económico para redistri­buir la riqueza (como en EE UU) en caso de crisis local. Es el choque entre dos ideas económicas liberales: el laissez-faire del neoli­beralismo y el intervencionismo keynesiano.
LA POLÍTI­CA EXTE­RIOR.
La política de defensa y seguridad.
Se apuesta por una Eu­ropa unida que realce el poder del conjun­to en un mundo globa­lizado en el que se está superando el marco estatal para llegar a los marcos supraesta­tales como for­ma de competir en todos los ámbitos. Destaca la necesidad de una in­dependencia en la política exterior y de defensa.
- En la defensa, cabe mante­ner la OTAN pero ha­brá que re­forzar la Unión Europa Occi­dental, que ha sido ine­ficaz en las guerras del Gol­fo y de la antigua Yugosla­via, para ac­tuar den­tro o fuera de Europa.
LA AM­PLIACIÓN HA­CIA EL ESTE.
La ampliación.         
Hay que ampliar la UE hasta los límites de Europa, inte­grando pue­blos de distintas lenguas, religiones, costum­bres... Hay que afron­tar el reto de la futura ampliación ha­cia el Este, hasta llegar en el horizonte del 2013 a los 28­ Estados miem­bros, lo que exige con mayor urgencia una verdadera revolu­ción institu­cional, yendo hacia el federalis­mo.
La ampliación es difícil, pues casi todos los países can­di­datos pre­sentan graves problemas políti­cos, econó­micos y so­cia­les.
En la cumbre de Copenhague de 13-XII-2002 se aprobó la propuesta de entrada el 1-V-2004 de diez candidatos: Po­lo­nia, República Che­ca, Eslo­vaquia, Hungría, Eslovenia, Lituania, Letonia y Estonia; más los mediterráneos Chipre y Malta. El 1-V-2004 se celebraron euroelecciones en los 25 Estados y el 1-XI-2004 entró en funciones el Consejo Europeo de 25 miembros. En 2007 entraron Bulgaria y Ruma­nía. Croacia se integrará el 1-VII-2013. Además de Turquía otros países con los que se negocia son Albania, Macedonia y la confederación de Serbia y Montenegro, más tres de la antigua URSS, en concreto Moldavia, Ucrania y Bielorrusia. Por otra parte hay acuerdos de asociación, no de adhe­sión, con Suiza, Noruega e Islandia.


La mayoría cree que el nuevo reto de esta ampliación es bene­fi­cioso para Europa como lo fueron las ante­riores amplia­ciones, que en todos los casos comenzaron como un aumento cuan­titativo y ter­minaron con un paso adelante cua­lita­tivo al tener que res­ponder las insti­tuciones comunitarias a nuevos proble­mas.

Las instituciones de la Unión Europea.

TD 02. LAS INSTITUCIONES COMUNITARIAS DE LA UNIÓN EUROPEA.

INSTITUCIONES COMUNITARIAS.
CONSEJO EUROPEO.
PARLAMENTO EUROPEO.
CONSEJO DE MINISTROS.
COMISIÓN EUROPEA.
TRIBUNAL DE JUSTICIA.


OTROS ÓRGANOS DE APOYO.

INSTITUCIONES COMUNITARIAS.
Las sedes de las instituciones comunitarias se reparten principalmente entre Bruselas, Estrasburgo y Luxemburgo, aunque muchas sedes de instituciones menores se localizan en otras ciudades y está prevista una dispersión aún mayor. Cuenta con embajadores en la mayoría de Estados del mundo. Por orden de importancia institucional conforman la UE las siguientes ins­tituciones:
CONSEJO EUROPEO.
El Consejo Europeo (creado en 1974) es el máximo ór­gano de poder, integra­do por los 15 Jefes de Esta­do o de Gobierno (se­gún las fór­mulas cons­titucionales de los diver­sos regímenes políti­cos), cuya función es la dirección política general, resolver los problemas del Consejo de Ministros, supervisar y moderar la labor de las ins­tituciones. Las de­ci­siones se toman según varios méto­dos, de acuerdo a la impor­tan­cia de los temas: por unanimidad de los países miembros, por mayoría sim­ple o por mayoría cuali­ficada (lo más común). Se reúne (al menos dos al año) en los países que pre­siden ro­tato­riamente la Unión Euro­pea, en las llamadas “cumbres europeas”.
PARLAMENTO EUROPEO.
El Parlamento Europeo reside en Estrasburgo (Plenario) y Luxemburgo (Secretaría general), con reuniones de comisiones en Bruselas.
Es el órgano legislativo, par­ticipando en la ela­bo­ración de las directivas y reglamentos comunitarios, junto al Consejo de Mi­nistros. Sus compe­tencias han sido ampliadas por los Trata­dos de Maastricht y Ámsterdam. Controla al ejecutivo (la Comisión Europea), modifica y aprueba la legislación (aunque con escaso poder vinculante), examina la gestión de la Comisión, los presupuestos, etc. Tiene poder de codecisión con el Con­sejo de Ministros en varios temas (de índole social la mayo­ría) y de ratificación de acuerdos inter­nacionales. Se reúne una semana al mes.
Está integrado por diputados ele­gidos por sus propios Esta­dos por sufra­gio universal directo cada cinco años. En el Parla­mento se hace una adscripción ideo­ló­gica. Los dos mayo­res gru­pos son el so­cialis­ta y el demó­crata cris­tiano.
CONSEJO DE MINISTROS.
El Consejo de Ministros de la Unión Europea, con sede en Bru­selas, es el principal órgano de Gobierno de la UE.
Está presi­dido de modo rotativo (cada seis meses) por el jefe de Gobierno de cada Estado, asistido por un secretario.
En realidad nunca se reúnen todos los ministros, sino que lo hacen en Consejos de Ministros especializados, según el tema del or­den del día: Asuntos Exteriores, Interior, Justi­cia, Agricul­tura, Industria, Trans­portes, Sa­ni­dad, Cultura, Medio Ambien­te, etc. Se vota de acuerdo a un nú­mero de votos propor­cional a la importancia del país. Tiene un poder casi legisla­tivo (sobre todo con las di­rectivas), que comparte con el Par­lamento. El más destacado de estos grupos es el llamado Ecofin o Con­sejo de Ministros de Economía y Finan­zas de la Unión Euro­pea, que tiene importantes competen­cias en el actual proceso de integración económica y monetaria.
COMISIÓN EUROPEA.
La Comisión Europea, con sede en Bruse­las, es el órgano pre­sidencial, con la función de vigilar la aplicación de los tra­tados y coordinar las demás instituciones.
Se estructura con una presidencia, vicepresidencias y comisarios ad­jun­tos elegidos por 5 años por los gobiernos nacionales, y se orga­niza en direcciones generales según los sectores.
Sus competencias se extienden a nu­mero­sos temas: migra­cio­nes, cohesión econó­mi­ca y social, in­ves­tigación y desa­rro­llo, cultu­ra, redes de comuni­caciones tran­seuropeas... Presenta pro­pues­tas legislativas al Consejo de Mi­nistros y asegura la pues­ta en marcha de las decisiones. Osten­ta un gran poder en la dirección de políticas comunes.
TRIBUNAL DE JUSTICIA.
La Corte de Justicia de la Europa Comunitaria, con sede en Luxemburgo, se divide en dos órganos:
La Corte Suprema, in­tegrada por magistrados, con jue­ces y abogados generales, con las funciones de verificar la com­patibilidad con los Tratados de los actos de las instituciones europeas y los Gobiernos, y de pronunciarse sobre la interpre­tación o validez de las dispo­siciones de Derecho comunitario.
- El Tribunal de Primera Instancia, formado por ma­gis­tra­dos, con compe­tencias sobre los conten­ciosos de carácter admi­nistra­tivo y de los litigios de compe­tencia entre la Comi­sión y las empre­sas. Su Jurispru­dencia pre­valece sobre los tri­bunales nacionales. El Tribunal puede actuar a petición de una institución comunitaria, un gobierno o un particular.
OTROS ÓRGANOS DE APOYO.
Tribunal de Cuentas. Con sede en Luxemburgo, creado el 22 de julio de 1975. Se llamaba antes Corte de Auditores de las Comunida­des Eu­ropeas. Es un órgano consultivo, con miembros ele­gi­dos por seis años por el Consejo de Minis­tros. Son exper­tos jurídicos en materias políticas y económi­cas, cuya función es controlar la legalidad y viabilidad de la gestión financie­ra y emitir dictámenes encargados por el Con­sejo de Mi­nis­tros. Ac­tualmente ha extendido su función a veri­ficar los ingresos y gastos de la UE, con un in­forme anual.
Banco Europeo de Inversiones. Con sede en Luxemburgo, tie­ne funciones de un Banco Central Europeo, para regular las re­laciones financieras entre los distintos Bancos Centrales y promover una política monetaria común a medio plazo, en la perspectiva de implantar una moneda única, el ECU.
Comité Económico y Social. Un consejo de miembros que representan a los diferentes estamentos de la vida económica y social, con funciones de consulta obligatoria sobre numerosas decisiones del Consejo de Ministros y propuestas de la Comisión y de emitir dictámenes por propia iniciativa.
Comité de Regiones. Creado el 10 de marzo de 1994, compuesto por miembros. Tiene carácter consultivo del Con­sejo de Ministros, para aquellas decisiones de la Unión relati­vas a cuestio­nes de su competen­cia: educación, cul­tura, comuni­cación audiovisual, regiones...
Oficina Consultiva. Con sede en Bruselas, es un órgano especializado en armonizar legislaciones nacionales, a solici­tud del Consejo de Ministros.
Comité Consultivo para la CECA. Con función de consulta sobre los asuntos del sector del carbón y del acero. Representa a los sectores de empresarios, trabajadores, usuarios, etc.



HMC UD 28. La democracia y las ideologías en el mundo. Dosier. El neofascismo actual en el mundo.

EL NEOFASCISMO ACTUAL EN EL MUNDO.

INTRODUCCIÓN.
EE UU.
Latinoamérica.
Europa.
PROGRAMACIÓN.
BIBLIOGRAFÍA.
APÉNDICE: TEXTOS SOBRE EL NEOFASCISMO.
           
INTRODUCCIÓN.
En este tema de la Unidad Didáctica (UD) 28 que trata sobre La situación actual de la democracia y las principales ideologías en el mundose aborda el fenómeno del neofascismo en la actualidad en EE UU, Latinoamérica y sobre todo en Europa, que se nutre de los temores de amplias capas populares ante la presión económica y política de las nuevas potencias emergentes, las corrientes migratorias y la pérdida de poder social y económico de sectores tradicionalmente acomodados, así como su insatisfacción ante los cambios culturales que introducen la unidad europea y la globalización. En la actualidad en el mundo siguen proliferando movimientos ideológicos y políticos inspirados en gran parte en las mismas opiniones totalitarias, nacionalistas y racistas que los partidos nazi y fascista. Pero se deben distinguir los movimientos autoritarios, conservadores, anticomunistas, reaccionarios o ultranacionalistas, que pueden tener rasgos fascistas (como el partido único y el líder), de los verdaderos movimientos neofascistas, que apelan a los rasgos esenciales del fascismo: caudillismo, totalitarismo, supremacía racial... Y entre los neofascistas se deben distinguir los grupos políticos que aspiran a obtener el poder para aplicar sus programas (Frente Nacional francés, Alianza Nacional italiana, etc.), que en reali­dad son los más peligrosos, y los grupos juveniles y marginales, que sólo aspiran a ejercer la violencia y afirmar su personalidad individual y grupal contra el sistema.
EE UU.
En EE UU abundan los grupos de ultraderecha que creen en la supremacía blanca y el rechazo al Gobierno Federal y la ONU: Ku Klux Klan, Alianza Nacional y así casi un millar de 800 grupos, más de la mitad paramilitares, que a veces incurren en atentados, como el de 1995 en Oklahoma, que ocasionó doscientos muertos. Todo indicaba que sus actividades tenderían a empeorar y el FBI se aplicó con éxito a controlarlas. No ha habido más incidentes destacables.
Latinoamérica.
En Latinoamérica hay muchos grupos políticos que se inspiran en parte en el fascismo, sobre todo en Centroamérica (El Salvador, Guatemala), donde incluso han llegado ocasionalmente al poder. Dirigidos por caudillos militares carismáticos, a veces fanáticos religiosos asesinos como el general guatemalteco Ríos Montt, que luchan violentamente contra los movimientos izquierdistas y contra los indígenas, en defensa de los privilegios sociales y económicos de los grupos que ostentan el poder. Son herederos de los movimientos autoritarios, populistas y demagógicos que triunfaron con Perón en Argentina, Batista en Cuba y Somoza en Nicaragua. Pero desde los años 90 han perdido mucha influencia, gracias a la generalización de la democracia en el continente y al cesar el miedo a una victoria comunista.
En la actualidad los movimientos neofascistas más señalados siguen la senda del chavismo (por su líder Chávez, incluso tras su muerte en 2013, pues su sucesor le ha nombrado “Líder Eterno”) en Venezuela, con ejemplos como el de Ortega en Nicaragua y Morales en Bolivia, con partidos y regímenes políticos que se arrogan públicamente ser de izquierdas o que han superado la distinción entre derecha e izquierda, pero que en realidad se han travestido en una variante de la ultraderecha conservadora y sostienen viejas ideas fascistas como el nacionalismo radical, el indigenismo racista, la represión de los disidentes, el autoritarismo, el culto a la personalidad del líder, y, rasgo fascista por antonomasia, el control permanente por el Estado (el partido del Gobierno) de la economía, la educación, los órganos de Justicia y las Fuerzas Armadas. Sus aliados interiores son los grupos sociales ascendentes surgidos del propio neofascismo (cuadros del partido, militares, burócratas) que se benefician de la corrupción y las prebendas del poder, y sus aliados exteriores preferidos son los regímenes religiosos integristas (Irán) y los totalitarios que bajo una capa comunista esconden regímenes personalistas y dinastías familiares (Corea del Norte, Cuba). Una novedad es que la clase empresarial tradicional, defensora de la propiedad privada y que antes promovía los históricos movimientos neofascistas y conservadores, es ahora presionada por el neofascismo para despojarla de su poder económico, social y político, y a ver en peligro su supervivencia, los empresarios tienden ahora a aliarse con las fuerzas progresistas, como se ve en el caso venezolano.
Europa.
Los partidos neofascistas crecen tanto en la Europa mediterránea como en la Europa Central. El neofascismo aumenta históricamente cuando aparecen las peores crisis económicas y sociales, como es el caso actualmente en Europa, cuyas instituciones y Gobiernos se muestran incapaces de lograr una política común para superar la situación.
Los partidos neofascistas son ultras, xenófobos y antieuropeos y a menudo emplean una propaganda agresiva o incluso la violencia contra la inmigración. Los motivos son el miedo a la miseria, la inseguridad ciudadana, el desempleo, el odio al inmigrante (africanos, eslavos del Este, musulmanes o turcos), el temor a perder la soberanía ante Europa, y la expansión de la cultura de la violencia entre las clases medias y bajas, que engrosan las filas de los partidos ultranacionalistas y xenófobos en Alemania, Francia, Italia, Hungría, Noruega o Polonia, y explotan en actos terroristas como el atentado en Noruega en 2011.
Los partidos sufren una rotación a largo plazo: unos partidos decaen por el envejecimiento o muerte de sus líderes y otros se reconvierten ideológicamente hacia la democracia o el centro-derecha. Pero aparecen otros nuevos que llenan su vacío o se reactivan los antiguos con nuevos líderes, como ha ocurrido en Francia con la sustitución del viejo Le Pen por su hija.

Manifestación de un grupo neonazi en Alemania.

Alemania tiene pequeños grupos, sin representación en cargos electos. Destacan tres formaciones: la Unión del Pueblo Alemán (DVU), que tiene 15.000 miembros; los republicanos (REP), con 11.500 miembros; y el partido neonazi (NPD), con 6.500 afiliados. Son particularmente fuertes en el Este, pero su estimación de voto es muy baja, sobre el 1%, aunque ocasionalmente se han acercado al 5% que permite acceder al Bundestag.
Austria tiene un partido ultra, el Partido Liberal Austríaco (FPO), antes presidido por Jörg Haider y hoy por Heiz Christoph Strache, que se colocó en 1999 como el segundo partido con un 27% de votos y desde febrero de 2000 forma coalición de gobierno con los conservadores. En 2013 llegó al 23%.
Bélgica cuenta con el bloque flamenco (Vlaams Blok o Vlaaams Belang), el quinto partido, con un 9,9% en las elecciones generales de 1999, y un 7,7% en las de 2010.
Bulgaria tiene la Coalición Ataka, llega hasta un 9% de los votos.
Dinamarca destaca con el Partido del Pueblo Danés, el tercer partido con un 12%.
Eslovaquia cuenta con el Partido Nacional Eslovaco, con hasta un 5% de los votos.
España cuenta con pocos y minúsculos grupos de extrema derecha, de ideología antieuropea, entre los nostálgicos del régimen franquista y los residuos del falangismo. Pero apuntan nuevos grupos con jóvenes que imitan las ideologías y estéticas racistas y violentas de los partidos alemanes: son los skin-heads, los ultra sur, los boixos nois. Su fuerza crece sobre todo entre la juventud marginada de los barrios obreros de las grandes ciudades, con problemas de paro, drogas, alcoholismo o delincuencia. Muchos jóvenes, aquejados de una grave problemática social e inmadurez individual afirman su personalidad integrándose en un grupo violento y para desquitarse de sus frustraciones buscan víctimas, siendo sus preferidas los inmigrantes africanos o sudamericanos. Los remedios recomendados son la educación y una política de integración socio-económica de los jóvenes, pero la crisis económica actual desde 2007 ha reducido estas vías.
Finlandia ha visto como el partido xenófobo Auténticos Finlandeses llega a un 9,4% en 2012.
Francia cuenta con el neofascista Frente Nacional (FN), liderado históricamente por Jean Marie Le Pen. Destaca por su poder personalista, sin secundarios (su secretario general fue un tiempo el moderado Bruno Mégret pero pronto fue apartado cuando intentó centrar su programa) y reúne millones de votos: el 15% de los votos de media en las elecciones del decenio de 1990, un 16,9% en la primera ronda de las presidenciales de 2002 y bajo la nueva presidencia de la hija del líder, Marine Le Pen, ha alcanzado 4,3% en las presidenciales de 2012 pero llega al 24% en las estimaciones en 2013. Es una seria amenaza para la estabilidad de la V República Francesa y para el mismo régimen democrático, porque está atrayendo a los sectores más proclives de la derecha (RPR y UDF), muy dividida y en crisis, a un programa común de gobierno, opuesto a los ideales republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, e incluso está imponiendo sus grandes temas del programa a la izquierda. El FN tiene una base social de pequeños burgueses, obreros, parados y agricultores, que temen la inmigración (que asocian con delitos y paro), la competitividad comercial exterior de la globalización y la Unión Europea. Sostiene un programa racista y xenófobo contra los musulmanes, reclama la expulsión de los inmigrantes extranjeros ilegales, la separación de la UE, la autosuficiencia económica de Francia mediante el proteccionismo aduanero, un presidencialismo autoritario y la unión de la derecha contra la izquierda “social-comunista". Es un programa que entronca directamente con el colaboracionismo del régimen parafascista de Vichy en la II Guerra Mundial, aunque ha aparcado, al menos temporalmente, el antisemitismo y la homofobia.
Grecia es el país donde más ha crecido relativamente. El partido ultranacionalista Aurora Dorada (o Amanecer Dorado), con un 7% de los votos y 21 diputados en 2012, ha tejido una organización asistencial para atraer a los ciudadanos más golpeados por la crisis, utiliza metódicamente la propaganda racista e incluso favorece la violencia contra los inmigrantes. El Gobierno y la Justicia han iniciado su ilegalización y detenido a sus principales dirigentes en septiembre de 2013, ante la amenaza que suponen para la democracia y los múltiples delitos que han cometido.
Holanda tiene el Partido por la Libertad, dirigido por Geert Wilders, que consiguió hasta un 34% en las municipales de Rotterdam y un 15% en las generales de 2012. Su ideario antieuropeísta y nacionalista, rechaza la inmigración islámica, y se nutre de experiencias populistas anteriores, como la de Pim Fortuyn.
Hungría ve como su ultraderecha está dividida entre el partido Gabor Vona, con hasta un 16,7% de los votos en 2010, y el partido Fidesz del primer ministro Victor Orbán, que ha evolucionado desde el centro izquierda hacia la extrema derecha xenófoba.
Italia es un caso peculiar por la variedad de opciones. El movimiento neofascista más importante de la posguerra, el MSI, que llegó a tener más del 10% de los votos durante decenios, se ha subsumido en la Alianza Nazionale, dirigida por Fini, con un ideario mucho más centrado y democrático. Una escisión más radical, el partido neofascista MSI-Fiamma Tricolore, llega sólo un 0,4% de media en las elecciones generales. En cambio, ha aparecido un neofascismo separatista, la Liga Norte, con su base principal en el Piamonte, dirigida por Umberto Bossi y Roberto Maroni, que ronda el 4,8% en 2010, y defiende la independencia del próspero norte italiano y posiciones xenófobas contra los inmigrantes. Y lo más amenazante durante dos decenios ha sido el modelo de la Forza Italia del varias veces primer ministro Silvio Berlusconi, con muchos rasgos cercanos al neofascismo, como el populismo, el machismo, la exaltación del líder carismático y la corrupción, incluso próxima a la Mafia.
Noruega ha sufrido el ascenso del Partido del Progreso, en el que militó el asesino terrorista Breivik, autor de los sangrientos atentados de 2011 en Oslo y Utoya. Han alcanzado el 16,3% en 2013.
Reino Unido experimenta con el Partido Nacional Británico (BNP) y el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) un insospechado aumento de los partidos xenófobos, que reunieron cerca del 5% de los votos en 2010, y se alimentan de la inseguridad y el temor al Islam y preconizan irse de la Unión Europea.
Suecia tiene a los Demócratas de Suecia, con hasta un 5,7% de los votos en 2010.
En la antigua Yugoslavia, tras su separación, surgieron en Serbia y Croacia unos poderosos partidos nacionalistas y militaristas. Los serbios impulsaron desde 1991 una serie de guerras  civiles y étnicas entre serbios, croatas, bosnios y kosovares, con cientos de miles de muertos y millones de refugiados, una ruptura de su anterior convivencia pacífica, un ejemplo espantoso de lo que podría ocurrir si los partidos neofascistas alcanzaran el poder en Europa Occidental.
En la Europa del Este destacan fuera de la Unión Europea los casos de Bielorrusia, Ucrania, Rusia, Kazajstán y otras antiguas repúblicas soviéticas, que sufren gobiernos autocráticos con rasgos fascistas, con partidos nacionalistas y xenófobos, nacidos de la crisis del bloque comunista, mientras se hundían la economía, el poder militar y la “gloria nacional” de la URSS. Destacan el partido nacionalista ruso de Zirinovski, que propugna la guerra y la reconquista de los países de la antigua URSS, y el partido Rusia, del presidente Putin, menos radical, pero con características neofascistas como el culto a la personalidad del líder, la sistemática violación de la democracia, la corrupción y el machismo.



Fuente: Carbajosa, Ana. El eje de la Europa blanca. “El País” Domingo (27-X-2013): 5.

PROGRAMACIÓN.
EL NEOFASCISMO ACTUAL.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
Bachillerato, 1º curso. Historia del mundo contemporáneo. Apartado 3. La época de los grandes conflictos mundiales. - Fascismo y regímenes dictatoriales.
También podría estar en ESO, 2º ciclo. Eje 2. Sociedades históricas y Cambio en el Tiempo. Bloque 5. Sociedad y cambio en el tiempo. Núcleo 3. Cambio social y revolución en la época contemporánea.
- Las grandes transformaciones y conflictos del siglo XX. Revoluciones, guerras mundiales y descolonización.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con el tema de la Educación para la Paz y de Educación Moral y Cívica.
TEMPORALIZACIÓN.
Tres sesiones de una hora.
1ª Documental. Diálogo. Exposición del profesor. Caracteres del neofascismo como ideología e inicio del fascismo italiano.
2ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, cuestiones y comentarios de textos. Diálogo.
3ª Cuestiones y comentarios de textos; debate y síntesis.
OBJETIVOS.
Situar el fascismo y el neofascismo cronológicamente y en su contexto histórico.
Repasar brevemente los movimientos fascistas en Europa de los años 20 y 30: El fascismo ita­liano. El nazismo alemán. Los otros movimientos fascistas de Europa en los años 30.
Analizar las causas de la aparición del fascismo.
Conocer el neofascismo en la actualidad.
Analizar las causas de la aparición del neofascismo.
Comparar el fascismo anterior a 1945 y el neofascismo actual.
Adoptar una posición racional y crítica ante el neofascismo, el racismo, la xenofobia, la violencia, etc.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
- Caracteres generales del neofascismo.
- El neofascismo en EE UU.
- El neofascismo en Latinoamérica.
- El neofascismo en Europa.

B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas del tema, interpretación de mapas y gráficos, etc.
Explicación multicausal de los hechos históricos: las causas y la evolución del neofascismo, sobre todo en comentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de datos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
Razonar y dialogar sobre las ideas políticas.
Rechazo de los totalitarismos.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa, con énfasis en el desarrollo de ideas propias y críticas por el alumno.
MOTIVACIÓN.
Un documental sobre el neofascismo, seguido de un diálogo que sirva como evaluación inicial.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Comentarios de textos sobre la ideología del neofascismo.
Realización de un dossier de prensa sobre hechos y actitudes neofascistas en la actualidad, en especial sobre la violencia de los grupos juveniles de ideología racista.
Debate de grupo de trabajo sobre la pervivencia de ideas fascistas en la actualidad, en el propio entorno social de los alumnos, a fin de que racionalicen sus propios valores ideoló­gicos y los de sus compañeros y vecinos. Se hará una síntesis por escrito, individual.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en deberes fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo. Hacer la síntesis individual del debate.
RECURSOS.
Presentación digital.
Libros de texto, manuales, prensa, mapas.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
Documental.
EVALUACIÓN.
Evaluación continua, desde la inicial, a la formativa y sumativa. Se hará especial hincapié en el desarrollo de una actitud crítica personal y de grupo ante el neofascismo.
Examen propio o incluido en el de otras UD, con breves cuestiones y un comentario de texto.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comentario de textos...
Examen de recuperación.

BIBLIOGRAFÍA.
Películas de neofascismo.
American History X (1998), de Tony Kaye.

Libros de neofascismo.
Fernández García, Antonio; Rodríguez Jiménez, José Luis. Fascismo, neofascismo y extrema derecha. Arco Libros. 2001. 102 pp.

Artículos de neofascismo. Orden cronológico.
AA. VV. El avance de la ultraderecha. “El País” Domingo (I-V-2011) 1-7. Carbajosa, Ana. Nuevos populismos para la vieja Europa (2-3). Bassets, Lluís. Esa derecha extrema que nos asusta (3). Mora, Miguel. Umberto Bossi o el odio al diferente (4). Ferrer, Isabel. Wilders juega de árbitro en Holanda (4-5). Jiménez Barca, Antonio. Le Pen ya compite por la presidencia (5). Soto, Adrián; Carbajosa, Ana. El ocaso de la tolerancia nórdica (6). Gómez, Juan. Austria, a la derecha de Alemania (6). Meyer, Luis; García, Pablo. El peligro llama a la puerta en España (7).
Martínez de Rituerto, Ricardo. La ultraderecha amenaza Europa. “El País” (25-VII-2011) 4.
Naïr, Sami. El racismo mata. “El País” (17-XII-2011) 12. Alerta del aumento del racismo violento de la extrema derecha en Europa, patente en los recientes asesinatos en Alemania, Italia…
García, Jesús. El nazi Varela siembra cruces gamadas en prisión. “El País” Domingo (15-I-2012) 13. Un caso español de neofascismo: Pedro Varela Geiss, librero y exdirigente de la organización extremista de ambiguo nombre Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE), rechaza asistir a cursos sobre antirracismo y difunde entre los reos obras revisionistas que lee a todas horas.
Valenzuela, Javier. ‘Primavera parda’ en Europa. “El País” Domingo (29-IV-2012) 7.
Carlin, John. Amanecer de los extremistas. “El País” (18-V-2012) 33.
AA.VV. Las orejas del lobo: el resurgir de la extrema derecha en Europa. “Claves de Razón Práctica” 223 (VII/VIII-2012). Savater, Fernando. Debilidad y grandeza de la democracia (5-6). Sanmartín, José J. La coartada intelectual de la extrema derecha europea (8-23). Cordero, Juan Antonio. El laboratorio de la nueva ultraderecha en España (24-39). Elorza, Antonio. Isegoría en tiempos de crisis (40-53).
Magi, Lucia. Sombras fascistas en un pueblo italiano. “El País” (27-VIII-2012) 6. Homenaje en Affile al mariscal fascista Graziani.
Paone, Mariangela. La ultraderecha griega gana la calle. “El País” (26-X-2012) 2-3. El partido Aurora Dorada, con 18 diputados, ha tejido una organización asistencial para atraer a los ciudadanos más golpeados por la crisis.
Blanco, Silvia. Una amenaza que se propaga por Europa. “El País” (26-X-2012) 2. El partido ultraderechista húngaro, Jobbik, se afianza.
Vaquer, Jordi. Ofensiva populista. “El País” (13-XI-2012) 4. Los partidos nacional-populistas aumentan su voto en Europa, desde Hungría (Orbán) a Polonia (Kaczynski), desde Austria a Grecia, al calor de una derecha inane (Merkel, Sakozy, Berlusconi, Cameron o Rajoy), que alienta sus demandas xenófobas.
Gil, Joaquín. Ultras con piel de ONG. “El País” (18-XI-2012) 30. La extrema derecha española imita los métodos caritativos de Amanecer Dorado en Grecia.
Rizzi, Andrea. Los ultraconservadores ganan terreno en Europa. “El País” (25-XI-2012) 34-35.
Reverte, Jorge M. Mareas. “El País” (27-X-2013) 13. El preocupante ascenso del neofascismo en Europa.
Carbajosa, Ana. El eje de la Europa blanca. “El País” Domingo (27-X-2013) 4-5. La situación actual de los partidos neofascistas en Europa.
Gil, Joaquín. Sin amanecer dorado en España. “El País” Domingo (27-X-2013) 5. El neofascismo es todavía muy débil en España. 

APÉNDICE: TEXTOS SOBRE EL NEOFASCISMO.
Para el debete de los alumnos en clase se proponen los siguientes textos:
Carbajosa, Ana. Nuevos populismos para la vieja Europa (2-3), en AA. VV. El avance de la ultraderecha. “El País” Domingo (I-V-2011) 1-7.
‹‹Cuando un partido populista, eurófobo y antimigrantes triunfó en las elecciones generales de Finlandia hace un par de semanas, muchos se preguntaron qué había pasado en uno de los países símbolo de la tolerancia y del Estado de bienestar. Cuando miraron alrededor, se dieron cuenta de que los finlandeses no estaban solos. Vieron que en el mapa de Europa proliferaban partidos que en el pasado hubieran sido apestados políticos por su extremismo, pero que hoy cautivan a buena parte del electorado. En varios países europeos se han convertido en la tercera fuerza más votada. En otros, como en Francia, las encuestas les auguran un futuro muy prometedor.
Finlandia, Holanda, Noruega, Suecia, Italia, Francia... La lista de países que registran un auge de los partidos populistas y de extrema derecha es larga. Y más alargada es aún la sombra que proyectan esas formaciones sobre los partidos tradicionales, que crecientemente adoptan algunas de las tesis extremistas a la caza de los votos que sienten les roban los populistas, advierten los expertos.
El populismo y la derecha extremista presentan formas muy distintas a lo largo del continente. Hay, sin embargo, denominadores comunes, entre los que destacan el euroescepticismo y la xenofobia, que tiende a cebarse con los inmigrantes musulmanes. Es común también la presencia en sus filas de un nuevo tipo de líderes, que poco tienen que ver con sus predecesores. Los nuevos políticos populistas son más jóvenes -la mayoría rondan los cuarenta-, más modernos y mejor parecidos. Son carismáticos y tienden a ser grandes oradores a los que se atribuye en buena medida el tirón de sus partidos. Consiguen además desmarcarse del turbio pasado de sus formaciones cuidando su lenguaje, con el que son capaces de transmitir ideas xenófobas sin incurrir en el lenguaje zafio y racista del pasado. Han conseguido en definitiva hacer aceptables y digeribles ideas que hasta hace poco tenían escasa cabida en el debate político.
“Las ideas políticas más radicales son crecientemente aceptables, también entre los partidos tradicionales, que ahora coquetean con las ideas de extrema derecha. Eso es porque los partidos extremistas son ahora más sofisticados y apelan a un electorado más amplio que ya no se avergüenza de votar a la extrema derecha”, sostiene Simon Tilford, economista jefe del Center for European Reform con sede en Londres. “Por eso suponen un desafío mucho mayor que la extrema derecha tradicional de los años ochenta y de los noventa”, añade Tilford.
Los extremistas han sabido capitalizar el hastío de un electorado con los partidos tradicionales, que han perdido la capacidad de conectar con la ciudadanía. Hay analistas que incluso los llaman “partidos protesta” porque su misión fundamental es cosechar el desencanto de otros. Y se atreven con las polémicas que los partidos de siempre prefieren esquivar. Ni a la derecha ni a la izquierda les ha ahorrado dolores de cabeza ni fracasos electorales evitar temas espinosos como la inmigración. Al contrario. Porque los votantes quieren que les hablen de lo que les preocupa, y la inmigración parece ser uno de esos temas.
Políticos como Marine Le Pen en Francia o Geert Wilders en Holanda han hecho del debate migratorio su bandera y no tienen reparos a la hora de apelar a emociones como el miedo. Azuzan el temor a la llamada Eurabia, es decir, a un desembarco masivo de musulmanes capaces de poner en peligro lo que consideran la identidad europea. Su mérito es doble, porque consiguen infundir miedo en un momento en el que se da la paradoja de que la integración de los trabajadores extranjeros es relativamente exitosa en varios países europeos. Estos políticos fijan los últimos clavos del ataúd del multiculturalismo que, dicen, no funciona y defienden en cambio un modelo asimilacionista, según el cual los inmigrantes que quieran vivir en Europa lo deberán hacer siguiendo las normas y costumbres de los europeos, dejando de lado la herencia cultural de sus países de origen.
Las revueltas en el mundo árabe y el desembarco de norteafricanos en las costas europeas han supuesto un golpe de suerte para los extremistas que ahora hacen su agosto. Marine Le Pen, flamante líder del Frente Nacional francés heredado de su padre, el ultraderechista Jean Marie, visitó el mes pasado la isla italiana de Lampedusa, donde miles de tunecinos han arribado después de la revuelta. “Europa es impotente y no ha encontrado una solución “, dijo. Y a continuación añadió: “Europa debe acercarse lo más posible a las costas de donde parten los barcos clandestinos y enviarlos de vuelta”. “Somos testigos de una catástrofe”.
Los partidos tradicionales, celosos del éxito populista, dejan a menudo que los más extremistas marquen el paso. Cuestiones como la prohibición del burka, que afectan directamente a un número ínfimo de europeas, han ocupado momentáneamente un lugar central en la vida política y parlamentaria de algunos países, por delante de temas como el desempleo o el adelgazamiento del Estado de bienestar.
La eurofobia es la otra gran pata del banco de los extremistas, que consideran a la Unión Europea fuente de todo mal. De nuevo es un mensaje que cala con facilidad entre un electorado que no siente las instituciones de Bruselas como propias y que, por tanto, no acaba de entender por qué hay que financiarlas. Jean-Dominique Giuliani, presidente de la Fundación Robert Schuman, añade que el momento que atraviesa Bruselas tampoco ayuda. “La UE no está en buena forma. La crisis económica, la ampliación y la incapacidad para alcanzar consensos de forma rápida en un mundo cambiante contribuyen a la frustración de los ciudadanos”. Y apunta otra idea. “La población europea envejece, y los mayores se repliegan sobre aquello que conocen mejor y que poseen. Tienen miedo a perder sus pensiones y todo lo que han conseguido en su vida”.
Los partidos clásicos no han encontrado todavía la fórmula idónea para lidiar con los nuevos actores políticos que juegan con ventaja, porque se desmarcan de las reglas de un juego político del que, sin embargo, se benefician. Juegan la carta antisistema, critican a las instituciones y a los gobernantes, y les funciona. En países como Bélgica, hace años se optó por el llamado cordón sanitario, por el que se aísla al extremista Vlaams Belang en un vano esfuerzo de contención. El resultado es que en la oposición, alejados del desgaste del poder, los extremistas flamencos no han dejado de crecer. En otros países europeos piensan, por el contrario, que es mejor dejar gobernar a los antisistema, porque creen que sus discursos no son sostenibles en la cima del poder, que inevitablemente minará su popularidad.
A primera vista, podría parecer que la crisis económica y financiera que ha sembrado el miedo ante un futuro poco prometedor podría jugar a favor de los extremistas. No es, sin embargo, este un factor decisivo, explican los expertos. Basta con analizar en qué países el resurgir populista cobra más fuerza. Holanda, Finlandia, Noruega o Alemania, donde los discursos antiinmigración triunfan como nunca, no se han visto apenas golpeados por la crisis financiera que sí ha destrozado otras economías europeas. Por eso, dicen los analistas, el verdadero problema surgirá el día en que los extremismos cobren fuerza en países más afectados por la crisis como España, Grecia o Reino Unido. “Si en esos países los niveles de desempleo siguen tan altos como hasta ahora y si en los próximos años no se producen mejorías económicas, el terreno estará abonado para que extremismos tanto de izquierda como de derecha florezcan”, augura Tilford.››

Valenzuela, Javier. ‘Primavera parda’ en Europa. “El País” Domingo (29-IV-2012) 7. Alerta del aumento de voto neofascista en Francia, Grecia y otros países, a medida que la crisis económica y social se agrava en Europa.
‹‹Esta primavera parda de 2012 no ha terminado en Europa. Si a usted ya le inquietó el 18% de los votos cosechado por el Frente Nacional (FN) en la primera vuelta de las presidenciales francesas, prepárese para asistir el próximo domingo a la entrada en el Parlamento griego de los energúmenos de Amanecer Dorado. Al lado de estos ultraderechistas helenos, la francesa Marine Le Pen diríase una ursulina.
Todos los sondeos auguran que las legislativas griegas producirán un Parlamento muy fragmentado, con un montón de partidos en su seno. Uno de ellos, con entre el 4% y el 5% de las intenciones de voto, sería Amanecer Dorado, que aventajaría a la hasta ahora fuerza ultraderechista oficial del país, el Partido Popular Ortodoxo (LAOS).
Amanecer Dorado considera blandengue al LAOS. Su mensaje es aún más tosco: “Grecia para los griegos. Fuera los extranjeros”. Ilyas Panayotaros, su portavoz, se queda tan ancho cuando dice cosas como esta: “Todos los problemas de Grecia son culpa de los inmigrantes. Son parásitos y criminales. Cuando gobernemos, los deportaremos y blindaremos las fronteras con minas y vallas electrificadas”. A cientos de miles de desconcertados y angustiados griegos, sobre todo en barrios obreros y populares que antaño fueron granero socialista, tales majaderías les hacen tilín.
Nikos Michaloliakos lidera a esta gente. Es un exparacaidista que se confiesa nostálgico del régimen fascista de Ioanis Metaxas que gobernó Grecia entre 1936 y 1941 y de la Junta Militar de 1967-1974. Aquellos, piensa, eran buenos tiempos: había mucha disciplina y pocos extranjeros, los rojos estaban encarcelados o exiliados, y Atenas no tenía que obedecer a las élites políticas y financieras de Berlín, Fráncfort y Bruselas.
Para restaurar la grandeza nacional, lo primero es desprenderse de tantos extranjeros, predica Michaloliakos. Los de Amanecer Dorado llevan años combatiéndolos, asaltando, al estilo de los squadristi de Mussolini, a los albaneses, asiáticos y africanos que se les ponen a tiro.
A diferencia de la mayoría de los otros partidos ultraderechistas en ascenso electoral en Europa, más partidarios de la respetable camisa blanca, los de Michaloliakos no le hacen ascos a la parafernalia neonazi. Su símbolo recuerda a la esvástica, muchos hacen el saludo fascista y sus panfletos proclaman la “superioridad racial” de los griegos. En esta campaña, mientras los demás se pelean por acaparar los platós televisivos, ellos son los únicos que salen a la calle: a repartir panfletos o leña, dar mítines en cualquier esquina o llenarlo todo de pintadas.
Tataranietos ideológicos de los movimientos reaccionarios y antisemitas que en el siglo XIX combatieron la Ilustración, y nietos de los movimientos fascistas de los años treinta del pasado siglo, los ultraderechistas europeos de hoy suelen pensar que el Holocausto no existió o fue exagerado por los vencedores de la II Guerra Mundial. Amanecer Dorado no oculta su negacionismo, y Jean-Marie Le Pen, fundador del FN y padre de su actual jefa, Marine, ha sido condenado por ello por tribunales franceses. No obstante, los ultras optan ahora por poner en sordina su antisemitismo y desplegar a todo trapo su islamofobia. Les plantea menos problemas con el “sistema” y, con la presencia de millones de inmigrantes musulmanes en Europa, es hoy más popular.
La nueva ultraderecha obtuvo en su conjunto casi 40 escaños en las elecciones al Parlamento Europeo de 2009, más del doble que en 2004. Su ascenso comenzó hace pocos lustros en Francia (Le Pen), Italia (Umberto Bossi) y Austria (Jörg Haider), y se ha ido consolidando con el refuerzo de países del Este y nórdicos y escandinavos. De Finlandia a Grecia y de Francia a Hungría, tiene rasgos comunes: nacionalismo (cada cual el suyo), xenofobia (la culpa siempre es de los extranjeros y sus cómplices progresistas), populismo autoritario (esto se arregla con mano dura) y antieuropeísmo (Bruselas nos asfixia). Salvo excepciones, se proclama demócrata y evita los uniformes, los saludos y las puestas en escena que puedan vincularla con Hitler y Mussolini.
Pero, sobre todo, comparte la islamofobia. Geert Wilders, caudillo del holandés Partido por la Libertad (PVV), es todo un abanderado de la idea de la incompatibilidad entre la “superior” civilización europea y el islam “bárbaro e invasor”. Aún más, cree que ya estamos en guerra. Juzgado por incitar así al odio étnico o religioso, Wilders fue absuelto por un tribunal de Ámsterdam en junio de 2011.
En la estela del asesinado Pim Fortuyn, Wilders propone que Holanda prohíba el Corán, el hiyab y las escuelas musulmanas, y deporte manu militari a los “terroristas callejeros marroquíes”. Solo así los tulipanes volverían a florecer. En 2010, un millón y medio de holandeses, el 16%, avalaron con sus votos las patrañas del PVV.
Esta semana, el rubiales y desencajado ultra holandés ha sido noticia mundial por negarse a sostener con sus diputados al Gobierno liberal-conservador de su país en su deseo de mayor austeridad, nuevos recortes presupuestarios, reducción galopante del déficit público. Holanda se ha quedado así sin Ejecutivo, y Merkel, sin uno de sus más testarudos aliados en la germanización presupuestaria de Europa.
Como en los años treinta del pasado siglo, el ascenso de la ultraderecha en Europa se nutre del paro, el deterioro del Estado de bienestar, el foso creciente entre los muy ricos y unas clases populares y medias cada vez más pobres, la codicia y arrogancia de las élites. Las congojas que expresa son reales, aunque no la explicación y la solución que les da: la búsqueda del chivo expiatorio en el extranjero más débil y en otras etnias, culturas o religiones.
También como sus abuelos fascistas, los líderes de estos partidos son diestros en el camuflaje. Por ejemplo, se presentan como “antisistema” personajes como la millonaria Marine Le Pen o como el italiano Umberto Bossi, el líder de la Liga Norte que ha gobernado un montón de años con Berlusconi. Especializada en sembrar el rechazo a los inmigrantes extranjeros y a sus compatriotas meridionales, la Liga Norte sueña con un país llamado Padania, su versión de la protectora aldea primigenia blanca y cristiana.
Una amplia tolerancia social sopla a favor de los ultras. Aunque esté lejos de la realidad, su propaganda —los inmigrantes roban empleos, no pagan impuestos ni cotizan, abarrotan los ambulatorios, son culpables de la delincuencia y quieren cambiar nuestro modo de vivir— va calando como indiscutible. El centroderecha se va contaminando de sus ideas y sus propuestas. Por cierto, de modo suicida: la retórica y la política xenófobas de Sarkozy no han impedido el ascenso del FN; también en esto, la gente prefiere el original a la copia. Y, sin embargo, Sarkozy, erre que erre, soltó el pasado jueves la burrada de que Hollande busca en la segunda vuelta “el voto de las mezquitas”.
Por su parte, la socialdemocracia se acobarda, acepta jugar en los términos planteados por los ultras y pierde así el partido. Durante esta campaña griega, conservadores y socialistas siguen la agenda xenófoba propuesta por Amanecer Dorado y compiten por demostrar cuál de ellos sería más duro con los extranjeros sin papeles. Como si los males específicos de Grecia no vinieran del derroche especulativo de sus financieros, constructores, políticos y burócratas.
Primavera parda, pues, en Europa. Se anuncia que el Mein Kampf será publicado en Alemania por primera vez desde la II Guerra Mundial. La ultraderecha crece electoralmente en Francia y Grecia y tumba al Gobierno en Holanda. Y Anders Breivik, combatiente contra la “islamización” de Europa, exmilitante del ultraderechista Partido del Progreso y admirador del holandés Wilders, es juzgado por el doble atentado que, el pasado julio, mató a 77 personas en Noruega. Sí, hay ideas potencialmente asesinas.››